
Vessantara, hijo y heredero del rey Sanjaya, vivía en la capital con Maddi, su esposa, su hijo y su hija. Era de una extraordinaria generosidad. Tenía un elefante blanco mágico que siempre concedía la lluvia, pero un día se lo regaló a los emisarios de otro reino. Enfurecidos, los ciudadanos obligaron al rey a que le desterrase. Maddi decidió compartir su suerte y llevarse también a sus hijos. Vessantara se desprendió de todos sus bienes y emprendió un largo viaje con su familia hacia un valle los Himalayas, donde se establecieron. Un día llegó un viejo brahman llamado Jujaka, a quien su joven esposa no dejaba de molestar porque quería criados, a pedir los hijos de Vessantara, y éste se los dio. A la mañana siguiente, Sakka, temeroso de que también le diera a su esposa, se disfrazó de brahmán, le rogó a Vessantara que se la regalase y se la devolvió (como era un regalo, Vessantara ya no podía disponer de ella). Entre tanto, Jujaka y los niños llegaron a la corte de Sanjaya, donde el rey rescató a sus nietos y Jujaka murió de un atracón de comida. Arrepentido, Sanjaya fue con su séquito a la montaña e invitó a Vessantara y a Maddi a que regresaran. Toda la familia volvió a unirse y Vessantara fue rey.