
Afrodita estaba casada con el dios-artesano Hefesto, pero tuvo varios amantes. La historia de su aventura con Ares se cuenta en La Odisea. Helios, el sol, descubrió a Afrodita y Ares juntos y se lo dijo a Hefesto, que fabricó una red prodigiosa, fina como una telaraña y resistente como el diamante, la dejó caer sobre los amantes y los capturó en pleno adulterio. Triunfante, Hefesto convocó a los dioses para que fueran testigos de aquel escándalo, pero ellos se rieron, y Hermes y Apolo comentaron que valía la pena sufrir aquel bochorno con tal de acostarse con Afrodita. Ares quedó libre tras acceder a dar a Hefesto una recompensa, y Afrodita y él abandonaron el lugar, avergonzados.
Otro de los amantes de Afrodita fue Adonis, un cazador joven y guapo. La diosa le previno de los peligros de la caza, pero él siguió yendo a los bosques y un día lo mató un jabalí, que le corneó en la ingle. Todos los años, en la festividad ateniense de las Tesmoforias, se entonaban cantos rituales de lamento por Adonis.
Afrodita tuvo varios hijos en sus numerosas aventuras. Entre los más destacados se encuentran los siguientes:
Eneas, hijo del príncipe troyano Anquises, a quien sedujo (y aterrorizó) cuando éste era pastor. La diosa protegió a Eneas en la guerra de Troya, y tras la derrota, el caudillo huyó para fundar Roma.
Eros ("deseo"), el dios alado que en muchos casos acompaña la imagen de Afrodita. Según algunas versiones, es hijo suyo, pero su ascendencia suponía un gran problema para los griegos. Algunos atribuyen la paternidad a Ares. Normalmente se le representa con arco y flechas.
Hermafrodito, hijo de Hermes y Afrodita. Lo amaba Salmacis, una ninfa acuática. Él intentó eludirla, pero cuando se sumergió en el arroyo en el que vivía la ninfa, ésta le abrazó hasta que se fundieron. Mientras agonizaba, rogó que cuantos entrasen en aquel arroyo adquiriesen atributos masculinos y femeninos, y de aquí deriva el término "hermafrodito".
Príapo, dios rústico de la fertilidad que protege los jardines y huertos. Se le representa como un viejo feo con un gran falo erecto. Existe numerosos relatos obscenos y cómicos sobre Príapo, cuya paternidad se atribuye a Hermes, Dioniso, Pan o Zeus.