martes, 27 de noviembre de 2012

Caza de cabezas y captura del alma.

Para algunas tribus amerindias, la caza de cabezas estaba cargada de significado sobrenatural y ritual. Entre los jibaros del Ecuador, que mantuvieron esta costumbre hasta los años 60, el privilejio de apoderarse de cabezas humanas estaba restringido a un grupo de guerreros temidos con fama de grandes matadores. En el pensamiento de este pueblo, matar y cortar cabezas eran dos actividades íntimamente asociadas con la posesión de dos clases de almas, la Arutam y la Muisak. Quien tenía la primera podía participar en las expediciones de caza de cabezas y la segunda estaba destinada a vengar la muerte de quien la poseía. Pero si se reducía la cabeza de un cadáver, el alma Muiska era irremediablemente arrastrada a ella e incapaz de escapar

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