lunes, 14 de mayo de 2012

Transformaciones.

Mitos sobre metamorfosis


En la mitología griega suele llegarse a un punto crucial en la narración cuando un personaje cambia de forma, convirtiéndose por los general en una planta, un animal o un accidente de la naturaleza. Entre los mitos más conocidos sobre metamorfosis destaca el de Alcíone (o Halcíone) y su esposo, Ceix que decidieron autodenominarse Hera y Zeus, por lo que los dioses los convirtieron en aves marinas. Todos los inviernos, durante siete días, Eolo, rey de los vientos, mantenía las olas en calma para que Alcíone, que se había convertido en martín pescador o halción, pudiera empollar los huevos tranquilamente.

La ninfa Eco interviene en dos mitos de metamorfosis. En el más famoso, su torrente verbal distrae a Hera durante el tiempo suficiente para que Zeus abandone el escenario de una de sus aventuras amorosas sin ser descubierto por su esposa. En castigo, Hera le deja a Eco sólo un hilo de voz. La ninfa se enamora perdidamente de Narciso, el bello hijo del dios del río Cefiso, pero cuando intenta seducirlo se limita a repetir las últimas palabras del joven. Languidece y se consume, hasta que sólo queda el eco de su voz. Maldice a Narciso, quien más adelante se asoma a un estanque y se enamora del reflejo de su imagen, que no puede poseer. El también languidece y al morir se transforma en la flor que lleva su nombre.

En el segundo mito de metamorfosis, A Eco la persigue Pan, dios de los bosques y prados, que suele aparecer representado con patas y cuernos de cabra. La ninfa lo rechaza y el dios enloquece a un grupo de pastores, que destrozan a Eco, y lo único que queda de ella es el lamento de su voz, que resuena en las montañas.

Hera también interviene en el mito de Io, amante de su marido, Zeus. Ío es así mismo hija del dios de otro río, Ínaco. Zeus la desea y adopta la forma de nube para copular con ella, pero como Hera empieza a sospechar, intenta engañarla transformando a Ío en una hermosa novilla blanca. Simulando que se cree la estratagema, Hera le pide a Zeus que le regale el animal, y una vez que tiene a Ío en sus manos ordena a Argos, monstruo de cien ojos, que la vigile constantemente. Para liberar a su amante, Zeus se procura la ayuda del astuto Hermes, que adormece a Argos contándole cuentos y le corta la cabeza. Hera entonces envía un tábano que atormenta a Ío, quien, enloquecida por el insecto, recorre el mundo hasta llegar a Egipto. Allí, Zeus le devuelve su forma humana con una suave caricia (epafein), que al mismo tiempo la deja embarazada de Épafo, fundador de las familias reales de Egipto y Argos y antepasado de las Danaides.

Se cuenta que Tiresias, el más famoso vidente del ciclo tebano, vivió durante siete generaciones. Según cierto relato, ve a dos serpientes apareadas y al golpear con el bastón se transforma en mujer. Al cabo de ocho años se topa con las dos mismas serpientes también copulando, vuelve a golpearlas y recupera la forma de hombre.

Más adelante, Zeus y Hera discuten un día sobre quién recibe más placer en el sexo: según Hera, las mujeres mucho menos que los hombres. Consultan a Tiresias la única persona que conoce el tema desde los dos puntos de vista, y su respuesta, que las mujeres disfrutan nueve veces más, enfurece tanto a Hera que lo deja ciego.

Pero su ceguera queda compensada con el don de la profecía y es Tiresias quien revela que Edipo ha matado a su padre y se ha casado con su madre.

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