jueves, 15 de diciembre de 2011

Hanuman, el fiel ayudante.

Hanuman muestra una lealtad asombrosa a Rama desde el momento en que se conocen. Rama le confía su anillo a modo de señal para Sita cuando parten varios grupos de monos en su busca, y cuando las huestes de Hanuman se enteran de que Sita se encuentra en la isla de Lanka, Hanuman decide dar un extraordinario salto sobre el mar para llegar a ella. Una vez  en Lanka, le revela su identidad y le enseña el anillo de Rama y en lugar de regresar discretamente se dedica a una serie de ostentosos actos de destrucción y deja que el hijo de Ravana le aprese. Disuaden a Ravana de que no mate a Hanuman en el acto y se limita a prenderle fuego a la cola. pero hanuman la emplea como tea para completar la destrucción de Lanka. Cuando hieren a Rama y Lakshmana en combate, se dirige velozmente a los Himalayas para coger la montaña en la que crece una hierba curativa.


Hanuman no tenía lujuria. Su ira no era de la variedad comparable al fuego. Para buscar a Sita, Hanumán tuvo que entrar en la residencia de las mujeres en el palacio de Ravana para mirarles el rostro cuando estuviesen durmiendo, y comparar sus rasgos con la descripción que Rama había hecho de Sita. Él se sentía muy culpable de tener que pasar por esta terrible experiencia y hasta consideró la posibilidad de! suicidio porque estaría demasiado avergonzado para presentarse ante Rama después de esta experiencia. Pero, consolándose al saber que después de todo estaba obedeciendo una orden de Rama, regresó para continuar la búsqueda. Consideraba a cada una de las mujeres como su propia madre, así que buscó dónde estaba su madre, no dónde estaba Sita.


Con motivo de la coronación de Sr¡ Rama en Ayodhya, se les dio regalos a los ministros y visitantes distinguidos, y a los colaboradores y compañeros de Rama: Vibhishana, Sugriva, Jambavan, Nala, Nila,  A Hanuman no se le dio ninguno. Al observar esto, Sita, que era quien más se había beneficiado por su generosidad y heroísmo, su devoción y dedicación, se sintió dolorida.

Ella le comunicó sus sentimientos a Rama, que estaba a su lado en su trono. Rama le dijo que ella podía darle cualquier regalo que quisiese. Entonces ella se quitó su bello collar de perlas y lo colocó en manos de Hanumán. Inmediatamente, Hanumán separó las perlas y poniéndolas una a una entre sus dientes las mordió y las escupió con repugnancia. Sita se llenó de ira. Ella le susurró a Rama que Hanumán sólo podía ser un simple mono. Cuando le preguntaron a él, Hanumán dijo: "Sólo estaba tratando de examinar para ver si estas perlas tenían a Rama dentro; no pude encontrar a Rama en ninguna de ellas así que las tiré. Si una cosa no tiene a Rama en ella, para mí es algo sin valor, como una piedra".

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