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viernes, 13 de mayo de 2011

Los héroes gemelos y el juego de pelota.


La narración mítica de los héroes gemelos se ha consevado en el Popol Vuh, libro sagrado de los maya Quiché.

Como los gemelos Hunahpu y Xbalanque molestaban continuamente a los señores de los infiernos jugando a la pelota, los invitaron a jugar contra los diosesen su reino infernal. Atravesaron sanos y salvos la Casa de los Cuchillos valiéndose de la mágia y encendieron hogueras para superar la Casa del Frío. En la Casa de los Jaguares domaron a los felinos dándoles huesos en lugar de sus propios cuerpos y también sobrevivieron a la Casa del Fuego. En la Casa de los Muerciélagos, uno de ellos decapitó a Hunahpu. Xbalanque hechizó a los animales y convenció a una tortuga de que se hiciera pasar por la cabeza de su hermano. Después, ambos finguieron jugar con los dioses, con la cabeza de Hunahpu suspendida sobre la cancha. Los dioses lanzaron la pelota contra la cabeza, pero al rebotar, un conejo escapó de su madriguera, lo que distrajo a los dioses y permitió a Xbalanque cambiar la cabeza auténtica por la de la tortuga. Por último, los gemelos engañaron a los dioses. Demostraron su habilidad para cortarse en pedazos y separarse. Los dioses les pidieron que ejecutaran el truco con ellos y los hermanos los desmembraron, pero los dejaron como estaban, obteniendo así la victoria definitiva, y renacieron como el sol y la luna. Este mito refleja la creenciade que, cuando un rey maya moría, debía prepararse para burlar a los dioses y renacer como cuerpo celeste.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Dioses de los mayas

El cosmos de tres niveles

El panteón maya resulta sumamente complejo debido a los múltiples aspectos y títulos que podían adoptar sus deidades. Cada dios se asociaba, mediante el color, con los cuatro puntos cardinales, muchos de ellos tienen un equivalente del sexo opuesto y algunos poseían además manifestaciones infernales. Se concebían tres niveles en el universo que habitaban: un inframundo de nueve estratos (Xibalba), un mundo intermedio habitado por los seres humanos y un mundo superior, celestial, sostenido por cuatro dioses, los Bacabs. Estos tres niveles estaban conectados por el axis mundi, un gran árbol ceiba por el que podían viajar las almas de los muertos y los dioses.

Al igual que en muchas civilizaciones de Mesoamérica, los mayas creían que el mundo natural estaba impregnado de esencia espiritual, que los dioses o los espíritus se manifestaban en las montañas, los ríos y el cielo, y que también podían encarnarse en la sangre, el maíz y el nenúfar. Pero resultaba más fácil identificar a la mayoría de las deidades en su aspecto antropomórfico o zoomórfico. El principal dios del panteón maya era Itzamna, "Casa del Lagarto", considerado supremo dios creador y protector de la escritura y del aprendizaje y normalmente representado como un anciano con prominente nariz romana. Su consorte era Ix Chel, "Señora del Arco Iris", diosa de la medicina, del tejido y los partos y posiblemente también de la Luna. El dios del sol Ahau Kin, podía aparecer con aspecto de joven o de viejo y viajaba por los infiernos en la forma del dios jaguar entre la salida y la puesta del sol.

martes, 10 de mayo de 2011

El calendario maya


Como dos ruedad dentadas y encajadas, los 260 días del calendario sagrado se entretejían con los 365 del calendario solar, dando lugar al "Calendario Redondo". Este ejemplo que les ofrezco procede del calendario maya a cada día del total de 18.980 (52 años) le correspondía una fecha única.

Este calendario dual era un complejo sistema para medir el tiempo y para la adivinación: cada día y mes tenía su propia deidad protectora, que influía sobre personas y acontecimientos. El calendario solar comprendía 18 meses de 20 días cada uno, más cinco jornadas desfavorables (uayeb). El último día de cada mes solar se consideraba una época en la que ya se notaba el influjo del siguiente mes, y los mayas designaban "día 20" al último día del mes en curso o al "asiento" del mes siguiente. Así, por ejemplo, el "Asiento de Pop" precedía al "Pop Uno" y el día 20 de Pop era el "asiento de Uo".

Además de medir el tiempo cíclico, los mayas seguían la "Cuenta Larga" de los años con la que fijaban linealmente una fecha desde un punto de partida mítico: 4 Ahau 8 Cumku, o 3113 a.C. Este concepto de tiempo histórico se basaba en unidades de años de 360 días o tuns. El calendario cíclico tenía gran antigüedad cuando los mayas lo adoptarion, y es posible que se desarrollara un calendario agrícola en época prehistórica, con una unidad básica de 20, el número de dedos de las manos y los pies humanos. Los sacerdotes empleaban un ciclo de 260 días ya en el período olmeca, y los mayas adoptaron y refinaron el sistema. Quizá la cifra de 260 días representase un período importante de la vida para los mayas: el perído medio de gestación humana es de 266 días, aproximadamente la misma duración que el ciclo agrícola del Yucatán, por lo que el calendario podría estar vinculado a dos ciclos de fertilidad fundamentales.

lunes, 9 de mayo de 2011

Dioses del calendario sagrado.

Ciclos sagrados y solares.

Los pueblos de Mesoamérica atribuían importancia ritual a los dioses, signos y números para señalar el paso del tiempo.

El calendario solar, denominado Haab por los mayas y Xihuitl por los aztecas, comprendía dieciocho meses de veinte días cada uno, a los que se añadía cinco días desfavorables, hasta un total de 365. Este calendario servía para contar los años, que los aztecas marcaban con números del 1 al 13, combinados con los veinte signos de los días, a saber, Casa, Conejo, Junco y Pedernal, formando así Año Junco Uno y así sucesivamente. No se repetía ninguna fecha hasta que hubieran transcurrido 52 años. 13x4

Paralelamente al año solar y encajado en él discurría el calendario sagrado, conocido como Tzolkin entre los mayas y como Tonalpohualli entre los aztecas. Estaba integrado por 260 días divididos en 20 semanas de 13 días. Cada "semana" estaba regida por un dios o unos dioses concretos, y cada día tenía asimismo una o varias deidades propias, de modo que, para los aztecas, la primera semana del ciclo comenzaba con "Cocodrilo Uno" y terminaba 13 días después, en "Junco Trece"; La segunda semana se iniciaba con "Jaguar Uno" y finalizaba con "Muerte Trece", y para que se repitiera el mismo signo del día tenían que pasar 260 días. La importancia del Tonalpohualli radicaba en su aplicación a la adivinación: el destino de una persona dependía de las buenas o malas cualidades atribuidas a la fecha de nacimiento. "Lluvia Siete", por ejemplo, era favorable, pero "Conejo Dos" desfavorable. Tanto los mayas como los aztecas combinaron ambos sistemas y confeccionaron el "Calendario Redondo" de 52 años. El tiempo y el destino de los individuos y de la sociedad se consideraban cíclicos: al final de cada período de 52 años renacían simbólicamente el tiempo y el mundo, en la "Ceremonia del Fuego Nuevo" En la ilustración del Codex Borbonicus que vemos sobre estas líneas, cuatro sacerdotes alimentan el fuego nuevo con haces de años viejos.

domingo, 8 de mayo de 2011

Tlaloc, dios de la lluvia.


Los orígenes de Tlaloc se remontan al menos a la cultura de Teotiahuacán siglos III-VIII, pero fue en la época azteca, entre los siglos XIV y XV, cuando adquirió importancia y cuando su culto se extendió por todo Mexico. Portador de la muerte y de la prosperidad agrícola, podía provocar dos clases de lluvia: la que fertilizaba la tierra y la que agostaba. Se le asociaba asimismo con las montañas, donde se amontonaban las nubes tormentosas, se demoraban las nieblas y nacían los ríos. Tenía cuatro grandes jarras, que representaban cada una de las direcciones sagradas del mundo, y de la que estaba vinculada con el este estraía la lluvia fertilizante mientras que de las otras sacaba enfermedad, las heladas y la sequía.

Fundamentalmente en el culto azteca, si bien no tanto en la mitología, Tlaloc era un dios importante al que se rendía culto de forma especial en las fiestas rituales de los meses de Atlcahualo y Tozoztontli, épocas en las que se ofrecía el sacrificio de niños a las cimas de las montañas. Si las víctimas lloraban, su llanto se consideraba buena señal, pues simbolizaba lluvia y humedad.

La elevada posición del dios queda reflejada en su santuarrio, que compartía la cumbre sagrada del Templo Mayor con el de Huitzilopochtli, dios azteca de la guerra y el sol. El santuario de Tlaloc estaba pintado de blanco y azul, el del dios de la guerra del blanco y rojo, y los sumos sacerdotes de ambos tenían el mismo rango.

Como el señor de la fertilidad, Tlaloc dios su nombre al cielo azteca, Tlalocán, concebido como un paraíso terrenal en el que abundaban la comida, el agua y las flores y al que solo tenían acceso quienes habían muerto a manos de Tlaloc, ahogados o fulminados por un rayo. Normalmente se incineraban a los muertos, pero quienes morían de esta forma o por enfermedades relacionadas con el agua especialmente asociada con el dios, como la hidropesía, eran enterrados con un trozo de madera seca junto al cuerpo, que se cubrirían profusamente de hojas en Tlalocán.

viernes, 6 de mayo de 2011

Tlaloc y la fertilidad


Dioses aztecas de la lluvia y del maíz.

El panteón azteca estaba presidido por múltiples dioses de la agricultura, la humedad y la fertilidad. En una región de valles con un régimen de lluvias irregular, los sembrados se agostaban antes de brotar con mucha frecuencia, y en el reinado de Moctezuma I, la lluvias tardías y las heladas otoñales destruyeron las cosechas durante tres años consecutivos y sobrevino la amenaza de hambruna. En semejante contexto, no puede sorprender el complejo fundamento espiritual de la agricultura azteca.

A la cabeza de los dioses de la fertilidad figuraba Tlaloc, antigua divinidad de la lluvia a la que se rendía culto en toda Mesoamerica bajo diversos nombres: Cocijo entre los zapotecas y Chac entre los mayas, por ejemplo. Como señor de las lluvias, Tlaloc presidía un grupo de deidades de la fertilidad afines, a las que se dedicaban la mayoría de los ritos sacrificiales, a pesar de la importancia de dioses como Huitzilipochtli y Tezcatlipoca. Como hilo de unión de las complejas creencias aztecas, la equiparación simbólica de sangre, agua, sacrificios humanos y fertilidad era omnipresente. Además de las plumas de quetzal, los guerreros empleaban en su ornamentación mazorcas y tallos de maíz, que se veneraban como deidades en las casas.

Chalchiuhtlicue, esposa de Tlaloc, gobernó el cuarto "sol", y se la consideraba hermana de los ayudantes del dios de la lluvia, los Tlaloques. Sus epítetos "Señora de la Falda de Jade" y "Señora del Mar y los Lagos" denotan algunos de sus rasgos distintivos. Tenía el poder de conjurar huracanes y torbellinos y de producir la muerte por ahogo. Se la suele representar con un collar de piedras preciosas, una falda azul adornada con conchas marinas y las orejas cubiertas con mosaicos de turquesa.

Se encuentra estrechamente vinculados a ella los dioses del maíz, Chicomecóatl, el aspecto femenino y Centeotl el masculino. Chicomecóatl representaba el sustento general, y a Centeotl se lo asociaba específicamente con el maíz, como atestigua su nombre: "Señor de la Mazorca". Había una deidad, la de la mazorca tierna y joven, llamada Xilomen, relacionada con ambos.

La conexión cosmológica entre la fertilidad y el sacrificio humano se encarna gráficamente en la figura de Xipe Totec, el "Señor Desollado". Concebido como dios de la vegetación y de la renovación primaveral, se le rendía culto en la forma de Tlacaxipeaualitztli: tras desollar a las víctimas que se le ofrecían, sus sacerdotes se ponían la piel de los cadáveres, acto que simbolizaba la regeneración de la vida vegetal, pues los aztecas consideraban la piel humana seca, cuando la llevaba un sacerdote, análogo a la vaina que rodea a una planta viva, En épocas preaztecas, Xipe Totec era un dios de los zapotecas y los yopis, y los primeros lo consideraban deidad de la vegetación y lo asociaban a Quetzalcóatl.

Entre otras deidades reconocidas como manifestaciones de la fertilidad figuraban: Xochiquetzal, diosa de las flores y que en sus orígenes se la consideró consorte de Tlaloc, y que fue raptada por Tezcatlipoca mas adelante, y Xochipilli, príncipe de las flores y símbolo del verano, así como los Tlaloques, deidades menores que vivían en el paraíso de Tlalocán y presaguiaban las lluvias creando el trueno al romper sus jarras de agua. Según el mito, uno de ellos, Opochtli, inventó las redes de pesca y el arpón. Otro, Napatecuhtli, dio vida a los juncos y las cañas, y se le atribuía la invención del tejido de esteras.

Existe otro grupo de dioses menores del maíz también relacionados con la fertilidad y conocidos colectivamente como los "Cuatrocientos Conejos" Centzon Totochtlin, entre los que se cuentan Ometochtli, dios de una bebida fermentada llamanda octli y Tepoztecatl, el dios de la embriaguez.

jueves, 5 de mayo de 2011

Sacrificios en el Gran Templo.

El papel de Huitzilopochtli como encarnación de la ideología azteca sobre el sacrificio queda ejemplarizado, de una forma horripilante, en las actas del emperador Ahuitzotl, que consagró al dios el Templo Mayor en la ciudad isleña de Tenochtitlán, en 1486, confiriendo carácter sagrado a la ocasión con la ejecución ritual quizás de 60.000 víctinas.

Venerado como guerrero cosmológico e identificado con el dios sol, Tonatiuh, Huitzilopochtli constituía el centro del culto azteca al sacrificio. Los aztecas se consideraban el pueblo elegido de su dios; su divina misión consistía en librar guerras y alimentar a Tonatiuh con la sangre de sus prisioneros, manteniendo así en movimiento al quinto sol.

Decorado con calaveras blancas sobre fondo rojo, en el santuario de Huitzilopochtli del Templo Mayor se arrancaba el corazón de innumerables víctinas con un cuchillo de obsidiana o silex, se ofrecían al sol y se quemaban en el quetuhxicalli o vaso del águila. Después se arrojaban los cadáveres a la imagen de Coyolxauhqui, en una repetición de la heróica victoria de Huitzilopochtli en Coatepec.

Se denominaba quetuhteca o pueblo del águila a los guerreros que perdían la vida en combate o en el altar sacrificial , y se creía que tales guerreros formaban parte póstumamente del deslumbrante séquito del sol durante cuatro años, transcurrido los cuales vivían para siempre en el interior de cuerpos de colibrí.

También se aprecia la obsesión de los aztecas por la sangre en la conducta de los sacerdotes, que se ofrecían a sí mismos en sacrificio como penitencia: sangraban atravesándose las orejas y la lengua con cordeles con púas. El clero azteca estaba presidido por el sumo sacerdote de Huitzilopochtli, Quetzalcóatl Tote Tlamacacazqui (Serpiente Emplumada, Sacerdote de Nuestro Señor) y por el Tlaloc.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La fundación de Tenochtitlán.


En el siglo XII, los antepasados de los aztecas emprendieron un viaje hacia el sur, parte de la migración generalizada que siguió a la caída del dominio tolteca. Un mito semihistorico cuenta las diversas etapas del periplo y la guía que les prestó Huitzilopochtli, a quien llevaban guardado en un fardo de medicinas. En los momentos críticos les daba consejos e instrucciones con voz aguda y temblorosa.

La suerte de los aztecas declinó cuando, tras 200 años de viaje, se vieron en medio de una isla pantanosa del lago Texcoco, sin fe ni objetivos. Observaron un águila devorando una serpiente sobre un nopal que daba frutos rojos, símbolo del corazón humano. El ave era un emblema del sol, es decir, Huitzilopochtli. El dios eligió ese momento para gritar a su pueblo: "¡Aquí será, mexicas!". Se refería al futuro emplazamiento de Tenochtitlán, cuyo nombre significa: Lugar del fruto del nopal.

martes, 3 de mayo de 2011

Huitzilopochtli.



Dios del sol y la guerra.

Huitzilopochtli, el Colibrí del Sur es una deidad exclusivamente azteca, sin predecesores identificables en otras culturas de Mesoamérica. Dios tribal de la guerra y del sol, era la principal deidad de la capital del imperio azteca. Tenochtitlán. En la imaginería de los códices, su divinidad se muestra en lo miembros pintados de azul, plumas de colibrí en la pierna izquierda, flechas adornadas con plumón y cerbatana en forma de serpiente o atl-atl. El nombre del dios refleja su vinculación con la guerra y la muerte se consideraba a los colibries almas de los guerreros caídos que acompañaban la imagen solar de su patrón en el viaje cotidiano por el cielo.

Al igual que en el caso de Quetzalcóatl, mito e historia se entrelazan en los diversos relatos sobre los orígenes de Huitzilopochtli, y no se sabe si en principio se concebía como divinidad o si se trataba de una figura heroica posteriormente deificada. La creencia mas generalizada consiste en que fue iniciador y jefe de la emigración de los aztecas desde su tierra natal, cerca de Aztlán, al noroeste de México. Los acontecimientos que rodean el nacimiento del dios en Coatepec, podría interpretarse como una forma de resurrección mítica
, la transformación de un hombre en deidad profética, todopoderosa y directriz.

En el curso de su gran migración hacia el sur, hacia el valle de México, los aztecas estuvieron encabezados por cuatro reyes-sacerdotes que llevaban un ídolo de Huitzilopochtli, imagen divina que adivinaba el futuro, aconsejó que se cambiaran el nombre de azteca por el de mexica y hablaba en secreto sobre la ruta a seguir. Según los mitos de migración aztecas, Huitzilopochtli inspiró a sus seguidores con la promesa de que conquistarían a todos los pueblos, se harían amos del mundo conocido y recibirían a modo de tributo piedras preciosas, plumas de quetzal, coral y oro.

La elevación de Huitzilopochtli a la misma posición de otras deidades creadoras mas reconocidas queda reflejada en su identificación mítica con el Tezcatlipoca Azul, cuya dirección sagrada era el Sur.


domingo, 1 de mayo de 2011

Ehécatl, dios del viento.



Se asociaba a Ehécatl con los cuatro puntos cardinales, porque el viento sopla en todas direcciones. Sus templos tenían forma cilíndrica, con el fin de ofrecer menos resistencia al viento. En algunos casos se le representa con dos máscaras por las que penetraba el viento.

Según el mito azteca, tras la destrucción del cuarto sol los dioses se reunieron el Teotiahuacán, y Nanahuatzin y Tecciztecatl se arrojaron al fuego sacrificial y se convirtieron en el sol y la luna. Quedaron inmóviles hasta que Ehécatl sopló con fuerza sobre ellos: al principio, sólo se movió el sol pero cuando el astro se puso en el ocaso, también se movió la luna.

En ocasiones se le interpreta como una de las manifestaciones de Quetzalcóatl, tomando el nombre de Ehécatl-Quetzalcóatl, apareciendo en el aliento de los seres vivos y en las brisas que traen las nubes con lluvia para las siembras.

sábado, 30 de abril de 2011

Quetzalcóatl


La Serpiente Emplumada.

Quetzalcóatl que significa "Serpiente Emplumada", pero también "Gemelo Precioso", era una deidad importante en el panteón azteca cuyos orígenes se remontan a civilizaciones mesoamericanas anteriores. Como uno de los cuatro dioses creadores, desempeña un papel fundamental en el mito de los cinco soles, y también aparece con otras formas: las más destacadascomo Ehecatl, deidad benévola del viento, del aprendizaje y las artes, como dios de los gemelos y, la más conocida, como serpiente emplumada.

La idea de la serpiente emplumada procede al menos de la civilización de Teotihuacán, la gran ciudad de la meseta central de México. En aquella época, probablemente se consideraba a Quetzalcóatl dios de la vegetación, estrechamente vinculado a Tlaloc, dios de la lluvia. Los toltecas lo concebían como dios de las Estrellas Matutinas y Vespertinas, y bajo esta forma le rendían culto en su principal ciudad, Tula.

Los aztecas asimilaron a Quetzalcóatl y lo veneraban como patrón de los sacerdotes, inventor del calendario y protector de los artesanos. Penetró en los infiernos (Mictlan) con su hermano gemelo, el dios con cabeza de perro Xolotl, y recogió los huesos de un hombre y una mujer que habían muerto en los cuatro cataclismos cósmicos. Al huir de la cólera del Señor de la Muerte, dejó caer los huesos, que se hicieron pedazos. Recogió los trozos y se los llevó a la diosa de la tierra, Cihuacóatl (Mujer Serpiente), que los machacó e hizo harina. Quetzalcóatl la salpicó con sangre de su pene y así fue creada la raza humana.

Resulta difícil separa al Quetzalcóatl mítico de un rey-sacerdote tolteca real, Topiltzin-Quetzalcóatl, también asociado con la serpiente emplumada, confusión que aparece en el relato de la rivalidad con Tezcatpoca, dios de la noche y del norte.

Mientras que Quetzalcóatl exigía a sus subditos sacrifícios pacíficos (ofrendas de aves, jade, serpientes, mariposas). Tezcatlipoca impuso rituales más sangrientos y se produjo un enfrentamiento entre ambos, a consecuencia del cual Quetzalcóatl fue expulsado de Tula en el año 987. Viajó con su séquito al golfo de México, se autoinmoló en una pira y renació como el planeta Venus.

En otra versión, Quetzalcóatl embarcó en una balsa de serpientes y desapareció por el horizonte oriental. Según una profecía, regresaría algún día, y esta creencia fue explotada por Hernán Cortés, a quien el rey azteca Moctezuma creyó Quetzalcóatl, que había vuelto para tomar posesión de su reino, cuando el conquistador desembarcó en México en 1519.

sábado, 16 de abril de 2011

Tezcatlipoca

Señor del espejo humeante.

Suele considerarse a Tezcatlipoca, nombre que significa "Señor del Espejo Humeante", dios supremo del panteón mesoamericano. Los demás dioses creadores no eran sino aspectos de este ser omnipotente y omnisciente. Los toltecas llevaron su culto al centro de México a finales del siglo X, y en los mitos aparece como corruptor del virtuoso dios de este pueblo, Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, y como incitador en la embriaguez y los placeres carnales. En el período azteca, Tezcatlipoca poseía más formas y nombres que ningún otra deidad: por ejemplo, su identificación con Yaotl (Guerrero) y Yoalli Ehecatl (Viento Nocturno) muestra su vínculo con la muerte, la guerra y el reino de la oscuridad. Se creía que se aparecía por la noche a los guerreros para retarlos en las encrucijadas.

Los aztecas lo veneraban como protector de la realeza y los hechiceros. Su posición destacada se reflejada en la asociación simbólica con la imaginería del jaguar y sobre todo en su manifestación como Tepeyollotli, el "corazón de la montaña" jaguar. Concebido como dios invisible y omnisciente, era el señor de las sombras; empuñaba un espejo mágico con el que adivinaba el futuro y veía en el corazón de los hombres. Los aztecas temían y respetaban su carácter caprichoso que le llevaba a dispensar dolor y muerte, pero también riquezas, valor y buena suerte. Le aplicaban un epíteto muy significativo: Titlacauan ("Somos sus esclavos"). Presidió la primera era de la creación, a la que puso catastrófico fin su lucha cósmica con Quetzalcóatl.

martes, 12 de abril de 2011

El quinto sol


Los cataclismos que destruyeron los cuatro soles anteriores dejaron un vacío en el orden cósmico. Los dioses ofrecieron a las gentes de Mesoamérica una última y efímera oportunidad de vivir al crear y sustentar el quinto sol.

El quinto sol fue creado en Teotihuacán cuando el dios Nanahuazin se arrojó a una hoguera y se transformó místicamente en el sol naciente. Pero al principio estaba inmóvil, y los demás dioses sacrificaron su sangre para proporcionarle energía para el movimiento celeste. Por eso se conoce la quinta era del mundo como "Cuatro-Movimiento". Su génesis única sentó un precedente mítico para la idea azteca de que la vida del universo sólo puede prolongarse mediante el sacrificio. Sin embargo, se trata de una concesión temporal de os dioses, pues los terremotos destruirán también el quinto sol.

El signo "Cuatro-Movimiento" encarnaba el concepto del sacrificio humano que impregnaba la religión azteca, que encontró expresión física en el gran calendario de piedra, disco tallado de este material de unos cuatro metros de ancho con la imagen central del rostro de Tonatiuh, dios del sol , rodeada por el signo "Cuatro-Movimiento". Hallado en 1790 cerca del Templo Mayor de la Ciudad de México, este objeto de complicada factura representa los principales elementos de la quinta creación. Los aztecas concebían a Tonatiuh como manifestación de su deidad guerrera tribal Huitzilopochtli. En el complejo simbolismo se aprecia la manipulación de la mitología para justificar la guerra y el sacrificio y expresa estos aspectos de la vida en términos cosmológicos. La cara de Tonatiuh está flanqueada a ambos lados por dos garras enormes aferradas a su alimento: corazones humanos, tema en el que se profundiza aún más con la lengua, imagen del cuchillo sacrifical de sílex u obsidiana con el que los sacerdotes arrancaban el corazón a sus víctimas. Según las creencias aztecas, la sangre humana contiene una esencia líquida preciosa denominada chalchihuatl, único alimento adecuado para los dioses. En torno a la imagen del dios del sol hay cuatro figuras encerradas que representan los cuatro soles anteriores, los dedicados al jaguar, el viento, el fuego y el agua, y alrededor de ellos están los glifos de los signos de los veinte días del calendario sagrado o tonalpohualli, y representaciones simbólicas de Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Tlaloc.

El calendario de piedra, que quizá sirviera también de ara sacrificial, engloba una visión de la vida y la muerte claramente azteca, en un frágil universo mantenido gracias a la continua ofrenda de sangre a los dioses.

sábado, 9 de abril de 2011

Creaciones y cataclismos


Al principio existía Omtecuhtli, Señor de la Dualidad autocreado, que también se presentaba en sus aspectos masculino y femenino como Ometeotl y Omecihuatl. Los hijos de esta pareja cósmica fueron los cuatro Tezcatlipocas. El Tezcatlipoca Rojo,también llamado Xipe Totec (el dios desollado), se asociaba con el este, el Azul o Huitzilopochtli con el sur, el Blanco o Quetzalcóatl con el oeste y el Negro, el Señor del Cielo Nocturno, con el norte. A estos cuatro se añadían Tlaloc, el dios de la lluvia, y su consorte, la diosa del agua Chalchiuhtlicue.

Los enfrentamientos entre estas deidades, enzarzadas en una lucha cósmica por su supremacía, desembocaron en la creación y destrucción de cinco eras o "soles" mundiales sucesivos, cada uno de ellos identificado por la forma concreta de cataclismo que lo sumergía. El primer sol estaba regido por Tezcatlipoca y se conocía como "Cuatro-Jaguar". Al cabo de 676 años, Quetzalcóatl arrojó al agua a Tezcatlipoca y la tierra fue consumida por los jaguares. Después Quetzalcóatl presidió el segundo sol, conocido como "Cuatro Viento" , y esta era acabó cuando Tezcatlipoca se vengó y destronó a Quetzalcóatl, quien fue arrastrado por un huracán. El tercer sol, "Cuatro-Lluvia", estaba dominado por el fuego y regido por el dios de la lluvia, Tlaloc. Acabó cuando Quetzalcóatl envió una terrible lluvia que consumió la tierra. A continuación vino el cuarto sol, "Cuatro-Agua", identificado con Chalchiuhtlicue, diosa del agua, y tocó a su fin cuando el mundo quedó sumergido por un diluvio y las personas se transformaron el peces. A la zaga de estos mundos imperfectos vino la creación más portentosa, el quinto sol.

miércoles, 6 de abril de 2011

Los antiguos dioses


El jaguar y la deidad del fuego.

Las primeras deidades de Mesoamérica con representación artística son las de la civilización olmeca, que floreció en las regiones pantanosas del este de México entre 1500 y 400 a.C., aproximadamente. Dichas representaciones, en piedra, cerámica, jade y en pinturas rupestres atestiguan la precocidad de la sociedad olmeca, el genio creativo de sus artesanos y la influencia de sus sacerdotes y monarcas.

El legado olmeca a las tradiciones religiosas mesoamericanas de épocas posteriores es muy extenso, pero quizás se aprecie con la máxima claridad en la continua presencia de la imaginería del Jaguar. Las figuras del "hombre-jaguar", aparecen vinculadas a mitos de Centro y Sudamérica que testimonian la transformación mágica de los chamanes en felinos, personajes especialmente temidos como hechiceros capaces de conjurar las peligrosas fuerzas del mundo de los espíritus, idea ancestral muy extendida que ejerció un influjo profundo y duradero en las creencias religiosas de Mesoamerica. Los hombres-jaguar olmecas aparecen con frecuencia con las fauces abiertas, rugiendo. Asociado con la realeza, la fertilidad y la tierra, el motivo del jaguar se encuentra en el arte maya, zapoteca y de Teotihuacán, y alcanza su espresión más dramática en su manifestación como Texcatlipoca, suprema deidad azteca. Pero también se observan otras influencias en el mundo olmeca: aves, cocodrilos, serpientes y seres antropomórficos ocupan un lugar destacado en los objetos de esta cultura. Algunos de estos seres son extraños híbridos en los que se combinan los rasgos del jaguar con los de un ave o una serpiente.

Antaño se pensaba que los olmecas adoraban a una sola deidad, un dios de la lluvia, pero se ha descartado esa idea. Entre los múltiples dioses identificados en el panteón olmeca se encuentran formas prototípicas de Tlaloc (deidad de la lluvia), un dios del maíz, Quetzalcóatl (la serpiente emplumada, otra deidad híbrida), Tezcatlipoca y una deidad del fuego, conocida en época posterior como Huehueteotl o Xiuhtecuhtli y que se repite en toda la región mesoamericana bajo diversos nombres.

lunes, 4 de abril de 2011

Mesoamérica

Historiadores y antropólogos emplean el término "Mesoamérica" para referirse a la región de América Central (México, sobre todo) que poseía una civilización muy desarrollada antes de la conquista española, a principio del siglo XIV, en la que se aprecia una sorprendente unidad cultural y religiosa por encima de la diversidad de naciones, lenguas y estilos artísticos: un rasgo común consiste, por ejemplo, en el complejo calendario basado en un ciclo sagrado de 260 días combinado con un año solar de 365, así como unos profundos conocimientos de astronomía, una escritura jeroglífica, un juego de pelota semejante al baloncesto que se ejecuta en un patio especial con una pelota de goma maciza y un panteón de extraordinaria complejidad, con deidades del viento, la lluvia y el maíz.

La región está integrada por un mosaico de paisajes diametralmente opuestos, desde los desiertos del norte hasta las selvas tropicales del sur. Llovía demasiado o demasiado poco, los lechos secos de los ríos se transformaban en torrentes turbulentos de la noche a la mañana, los terremotos asolaban la tierra: semejante entorno de inestabilidad podría contribuir a explicar el mito azteca de los cinco soles, cada uno de los cuales equivalía a una era o un mundo cósmico, que acababa con un cataclismo.

No fueron los aztecas los primeros en apaciguar a los dioses con sacrificios humanos. La religión tolteca (pueblo que estableció su capital en Tula, a finales del siglo XI) tenía como carácter igualmente sangriento, como ponen de manifiesto las esculturas chacmul, figuras reclinadas con platos tendidos para recoger las ofrendas del sacrificio. Pero las prácticas aztecas son las que cuentan con mejor documentación. Para ayudar al dios Huitzilopochtli, el sol, en su batalla cotidiana contra las fuerzas de la noche, había que alimentarlo con corazones y sangre humana, y los prisioneros de las campañas militares proporcionaban las víctimas necesarias.

En cierto sentido, se puede decir que los aztecas capturaron su panteón de la misma forma, adoptando los dioses de otros pueblos anteriores, como Tlaloc, dios de la lluvia, y Huehueteotl, deidad del fuego. Pero Huitzilopochtli era su dios tribal, desconocido en otras regiones.