A veces se asignaban los chamanes a un grupo o clan determinado, para que protegiesen su territorio y garantizaran la resurrección de sus almas. Debido a las guerras de clanes, se desencadenaron extraordinarios combates de magia entre chamanes rivales. Tras la revolución de 1917, fueron perseguidos por los comunistas y se recrearon los mitos más antiguos sobre conflictos entre chamanes como enfrentamientos entre un chamán y el comisario que lo detiene. El siguiente relato yakut pertenece a esta categoría de mitos modernizados.
Un joven jefe de policía amenazó a un chamán con su revolver, y el chamán le aconsejo que no moviese el arma: "¡No hagas eso, hijo mío! ¡Vas a hacerte daño!" El policía se pegó un tiro en el pulgar y, furioso, encarceló al chamán, pero éste se escapó. El policía volvió a encarcelarlo varias veces, y en cada ocasión le puso en una celda más segura que la anterior, pero el chamán siempre huía.
Por último lo condenaron a trabajos forzados en el bosque, a talar árboles para leña. Un equipo de inspectores fue al lugar en verano y vio que el hacha volaba mágicamente por el claro del bosque, derribando árboles y apilando la leña.
A comienzos del inviernos, cuando volvían los funcionarios, el chamán y la leña habían desaparecido. La madera se había unido y formado árboles, esplendidos como antes de que el chamán empezara a trabajar.
Los hijos de algunos chamanes son en la actualidad poetas o médicos, profesiones que se consideran continuación de los dones de los padres. En la época poscomunista han surgido movimientos para resucitar el chamanismo.
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viernes, 16 de noviembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
Mitos de Siberia.
Tradicionalmente, todos lo pueblos de Siberia se han dedicado a la caza y a la pesca y muchos de ellos a la cría de renos. Los yakutios y los buriatos emigraron a la región y llevaron desde el sur la cría de ganado vacuno y equino, así como un estilo de épica mitológica propia del Asia central.
Es en la caza donde se presenta con mayor claridad la relación especial con los animales. En las creencias siberianas, los animales se ofrecen por su propia voluntad a un cazador que los respeta, poseen el mismo estatus que él y en los mitos se transforman con frecuencia en seres humanos o se casan con ellos. El oso pardo, considerado señor del bosque, tiene un alma de inmenso poder que puede resultar peligroso, pero que también puede emplearse para la curación. Todavía en la actualidad se siguen curando las heridas frotando la parte afectada con una garra de oso o con su grasa. La caza de este animal está rodeada de tabúes, y en muchas regiones se apacigua el alma de un oso nuevo con complicados ritos, como coserle los ojos para evitar que persiga al cazador, por ejemplo.
Los yukaghit hablan de un héroe ancestral mitad humano y mitad oso. Según una versión del mito, un hombre se refugió un día en una madriguera de una osa que en primavera parió un niño, quien más adelante quiso ver el pueblo natal su padre humano, pero no soportó la vida allí y regresó al bosque. Tras derrotar a varios enemigos mágicos bajo tierra, donde encontró esposa, el hombre-oso regresó una vez más al mundo humano, a lomos de un águila y con una esposa para su hermano.
En la mitología no solo aparecen animales vivos. En la de los evenki, el mamut, animal del que con frecuencia se encuentran restos, es uno de los señores del inframundo, y recogió barro del agua con sus colmillos para hacer la tierra. Por donde caminaba iba creando ríos y allí donde se acostaba brotaban lagos.
Los habitantes de Siberia han creído tradicionalmente en la existencia de varios mundos, por lo general tres, cinco o siete, apilados unos sobre otros. Nuestro mundo está situado en el medio. Los superiores suelen ser los reinos de los espíritus benévolos, y los inferiores los de los espíritus malignos. Se imagina el camino entre estos mundos como un árbol con las raíces en el más bajo y las ramas en el más elevado. El chamán asciende o vuela hacia ellos en estado de trance con el fin de negociar o luchar con los espíritus y a veces sube paso a paso por muescas talladas en el tronco de un árbol, entonando a cada paso cánticos sobre su viaje por las distintas capas y sus encuentros con los espíritus.
Este árbol se repite una y otra vez en los mitos. Según los nivki, al principio había dos lunas y dos soles, por lo que el mundo era demasiado frío de noche y demasiado cálido de día, y sólo quedaron con vida dos avecillas hermanas, que fueron a un alerce que se alzaba hasta los cielos y tomaron la comida que allí había dejado el anciano guardián del árbol. Aparecieron otras dos aves, una de oro y otra de plata, y retaron a las hermanas. El ave de oro subió al cielo y una de las hermanas la siguió. Para escapar, el ave se transformó sucesivamente en oso, foca, pez y humano, pero su perseguidora hizo otro tanto y la apresó en cada ocasión . En su forma humana, el ave se convirtió en la hija de un anciano, a quien el héroe (anteriormente una de las aves hermanas) le pidió permiso para casarse con ella. El anciano accedió a condición de que el héroe matase al sol y la luna sobrantes, tarea en la que le ayudó el señor del mar, que lo encerró en una cacerola de hierro, lo coció, raspó los restos y con ellos modeló a una nueva persona. Así, el héroe se transformó en el hombre de hierro, quien, equipado con arcos y flechas del mismo metal y un caballo volador, abatió al sol y la luna que sobraban, y el mundo volvió a ser habitable.
El reconocimiento y reconstrucción del héroe constituyen signos inconfundibles de la iniciación chamanística. Los espíritus colocan al iniciado en un recipiente, despedazado y después vuelven a unir los trozos, hueso con hueso, como persona renacida con poderes chamánicos. La potencia del hierro es tal que únicamente al herrero debe temer al chamán, por ser más fuerte que el.
Entre los mitos siberianos sobre los orígenes destaca el de los evenki, que atribuye la sucesión del día a la noche a un poderoso alce que habita en el mundo superior. Un día, el animal escapó del bosque y subió a la cima de una montaña, donde empaló al sol en sus cuernos y se lo llevó al bosque, por lo que los seres humanos del mundo intermedio se sumieron en la oscuridad. Un héroe llamando Main se puso unos esquíes alados y ascendió al mundo superior, donde persiguió al alce. A medianoche lo alcanzó, le disparó una flecha y la luz volvió al mundo intermedio, pero Main no regresó a su propio mundo, sino que se transformó en espíritu para custodiar el sol. Desde entonces se ha repetido el episodio en el mundo intermedio cada tarde, el alce captura al sol con sus cuernos y cada noche Main lo atrapa y lo devuelve a su pueblo en la mañana.
Es en la caza donde se presenta con mayor claridad la relación especial con los animales. En las creencias siberianas, los animales se ofrecen por su propia voluntad a un cazador que los respeta, poseen el mismo estatus que él y en los mitos se transforman con frecuencia en seres humanos o se casan con ellos. El oso pardo, considerado señor del bosque, tiene un alma de inmenso poder que puede resultar peligroso, pero que también puede emplearse para la curación. Todavía en la actualidad se siguen curando las heridas frotando la parte afectada con una garra de oso o con su grasa. La caza de este animal está rodeada de tabúes, y en muchas regiones se apacigua el alma de un oso nuevo con complicados ritos, como coserle los ojos para evitar que persiga al cazador, por ejemplo.
Los yukaghit hablan de un héroe ancestral mitad humano y mitad oso. Según una versión del mito, un hombre se refugió un día en una madriguera de una osa que en primavera parió un niño, quien más adelante quiso ver el pueblo natal su padre humano, pero no soportó la vida allí y regresó al bosque. Tras derrotar a varios enemigos mágicos bajo tierra, donde encontró esposa, el hombre-oso regresó una vez más al mundo humano, a lomos de un águila y con una esposa para su hermano.
En la mitología no solo aparecen animales vivos. En la de los evenki, el mamut, animal del que con frecuencia se encuentran restos, es uno de los señores del inframundo, y recogió barro del agua con sus colmillos para hacer la tierra. Por donde caminaba iba creando ríos y allí donde se acostaba brotaban lagos.
Los habitantes de Siberia han creído tradicionalmente en la existencia de varios mundos, por lo general tres, cinco o siete, apilados unos sobre otros. Nuestro mundo está situado en el medio. Los superiores suelen ser los reinos de los espíritus benévolos, y los inferiores los de los espíritus malignos. Se imagina el camino entre estos mundos como un árbol con las raíces en el más bajo y las ramas en el más elevado. El chamán asciende o vuela hacia ellos en estado de trance con el fin de negociar o luchar con los espíritus y a veces sube paso a paso por muescas talladas en el tronco de un árbol, entonando a cada paso cánticos sobre su viaje por las distintas capas y sus encuentros con los espíritus.Este árbol se repite una y otra vez en los mitos. Según los nivki, al principio había dos lunas y dos soles, por lo que el mundo era demasiado frío de noche y demasiado cálido de día, y sólo quedaron con vida dos avecillas hermanas, que fueron a un alerce que se alzaba hasta los cielos y tomaron la comida que allí había dejado el anciano guardián del árbol. Aparecieron otras dos aves, una de oro y otra de plata, y retaron a las hermanas. El ave de oro subió al cielo y una de las hermanas la siguió. Para escapar, el ave se transformó sucesivamente en oso, foca, pez y humano, pero su perseguidora hizo otro tanto y la apresó en cada ocasión . En su forma humana, el ave se convirtió en la hija de un anciano, a quien el héroe (anteriormente una de las aves hermanas) le pidió permiso para casarse con ella. El anciano accedió a condición de que el héroe matase al sol y la luna sobrantes, tarea en la que le ayudó el señor del mar, que lo encerró en una cacerola de hierro, lo coció, raspó los restos y con ellos modeló a una nueva persona. Así, el héroe se transformó en el hombre de hierro, quien, equipado con arcos y flechas del mismo metal y un caballo volador, abatió al sol y la luna que sobraban, y el mundo volvió a ser habitable.
El reconocimiento y reconstrucción del héroe constituyen signos inconfundibles de la iniciación chamanística. Los espíritus colocan al iniciado en un recipiente, despedazado y después vuelven a unir los trozos, hueso con hueso, como persona renacida con poderes chamánicos. La potencia del hierro es tal que únicamente al herrero debe temer al chamán, por ser más fuerte que el.
Entre los mitos siberianos sobre los orígenes destaca el de los evenki, que atribuye la sucesión del día a la noche a un poderoso alce que habita en el mundo superior. Un día, el animal escapó del bosque y subió a la cima de una montaña, donde empaló al sol en sus cuernos y se lo llevó al bosque, por lo que los seres humanos del mundo intermedio se sumieron en la oscuridad. Un héroe llamando Main se puso unos esquíes alados y ascendió al mundo superior, donde persiguió al alce. A medianoche lo alcanzó, le disparó una flecha y la luz volvió al mundo intermedio, pero Main no regresó a su propio mundo, sino que se transformó en espíritu para custodiar el sol. Desde entonces se ha repetido el episodio en el mundo intermedio cada tarde, el alce captura al sol con sus cuernos y cada noche Main lo atrapa y lo devuelve a su pueblo en la mañana.
domingo, 11 de noviembre de 2012
El cuervo.
El Padre Cuervo, figura clave en la mitología de los inuit de Alaska, y también en la de sus vecinos indios y siberianos, es la única manifestación clara de un creador personificado para este pueblo.
Tras descender del cielo, el Cuervo creó en primer lugar la tierra firme, después un hombre y diversas especies de animales y plantas y por último una mujer, como compañera del hombre. También fue maestro, en forma humana enseñó al hombre y a la mujer a utilizar los animales, a cuidar a los niños, a encender el fuego,etcétera.
Un rasgo curioso de este mito consiste en que el hombre brotara de una parra hecha por el Cuervo, de la que después brotaron más hombres: sencilla explicación de la evolución de la raza. Tras estos "primeros tiempos", el Cuervo sólo ejerció poderes limitados. Puede propiciársele en su morada del cielo para que envíe buen tiempo, y si alguien mata un cuervo, sin duda habrá malas condiciones atmosféricas
Tras descender del cielo, el Cuervo creó en primer lugar la tierra firme, después un hombre y diversas especies de animales y plantas y por último una mujer, como compañera del hombre. También fue maestro, en forma humana enseñó al hombre y a la mujer a utilizar los animales, a cuidar a los niños, a encender el fuego,etcétera.
Un rasgo curioso de este mito consiste en que el hombre brotara de una parra hecha por el Cuervo, de la que después brotaron más hombres: sencilla explicación de la evolución de la raza. Tras estos "primeros tiempos", el Cuervo sólo ejerció poderes limitados. Puede propiciársele en su morada del cielo para que envíe buen tiempo, y si alguien mata un cuervo, sin duda habrá malas condiciones atmosféricas
sábado, 10 de noviembre de 2012
El alma de los animales.
Los inuit creen que el cazador no "coge" a los animales, sino que ellos se dejan matar. Cuando el animal muere, el cazador ejecuta una breve ceremonia para asegurar que su alma regresa al mundo no terrenal y se reúna con la sociedad animal, dispuesto a volver como presa. En gran parte de Alaska, los inuit, celebran importantes fiestas destinadas a reconocer la aparición de los animales en la tierra e influir en ella. La fiesta de la Vejiga, por ejemplo, es un acontecimiento invernal de cinco días de duración en cuyo punto culminante se meten la vejigas de los mamíferos cazados durante el año en agujeros perforados en el hielo, para devolver sus almas al mundo de los espíritus.
viernes, 9 de noviembre de 2012
El espíritu de la Luna.
Uno de los grandes espíritus de los inuit es el de la Luna (Tarkec), responsable de la fertilidad, la corrección moral, y entre los inuit de Alaska, del control de los animales. Es un poderoso cazador que habita en el reino del cielo. En la ilustración de la derecha vemos una máscara del Espíritu de la Luna del oeste de Alaska. El reborde que rodea la cara simboliza el aire, los arcos los niveles del cosmos y las plumas las estrellas.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Los orígenes del Espíritu del Mar.
Un mito de los inuit canadienses cuenta los orígenes del Espíritu del Mar y de los animales marinos.
El relato comienza con una joven a la que su padre obliga a casarse con un perro. El matrimonio empieza bien, pero tras el nacimiento de varios hijos, las cosas se ponen feas. El padre de la muchacha ahoga al perro y sus nietos intentan vengarse, pero al fracasar, son expulsados. Entonces aparece un ave (un petrel), en forma de viejo feo, y la muchacha se va con él, en calidad de esposa, en su kayak. El padre consigue recuperarla, pero el ave los alcanza, y desencadena una tormenta que está a punto de hacer zozobrar la embarcación. Aterrorizado, el padre trata de lanzarle a su hija al ave, pero ella se aferra al borde del bote. el le corta los dedos y la chica acaba por caer al mar. Así fueron creados los animales marinos: las focas más pequeñas con las yemas de los dedos de la chica, las mayores de las falanginas y las morsas de las falanges.
La muchacha cae al mar, donde se transforma en el gran Espíritu del Mar, y vive con los animales (probablemente también los terrestres).
El padre, arrastrado igualmente a las aguas, se reune con ella, y le sigue el perro, su primer marido.
El perro adopta el papel de guardián de la muchacha y el padre el de irascible castigador de los humanos, que transgreden las normas de la vida
El relato comienza con una joven a la que su padre obliga a casarse con un perro. El matrimonio empieza bien, pero tras el nacimiento de varios hijos, las cosas se ponen feas. El padre de la muchacha ahoga al perro y sus nietos intentan vengarse, pero al fracasar, son expulsados. Entonces aparece un ave (un petrel), en forma de viejo feo, y la muchacha se va con él, en calidad de esposa, en su kayak. El padre consigue recuperarla, pero el ave los alcanza, y desencadena una tormenta que está a punto de hacer zozobrar la embarcación. Aterrorizado, el padre trata de lanzarle a su hija al ave, pero ella se aferra al borde del bote. el le corta los dedos y la chica acaba por caer al mar. Así fueron creados los animales marinos: las focas más pequeñas con las yemas de los dedos de la chica, las mayores de las falanginas y las morsas de las falanges.
La muchacha cae al mar, donde se transforma en el gran Espíritu del Mar, y vive con los animales (probablemente también los terrestres).
El padre, arrastrado igualmente a las aguas, se reune con ella, y le sigue el perro, su primer marido.
El perro adopta el papel de guardián de la muchacha y el padre el de irascible castigador de los humanos, que transgreden las normas de la vida
martes, 6 de noviembre de 2012
Mitos de los Inuit.
Los poderes espirituales, de mayor o menor importancia, dominan la vida de los inuit y el más conocido es el Espíritu de Mar de los inuit de Candá y Groenlandia. Denominado Sedna (así como Nuliajuk y otros nombres), el Espíritu del Mar ejerce su soberanía sobre todos los animales que proporcionan alimento a los humanos. En su morada del fondo del mar, desde donde envía los animales de caza, adopta la forma de mujer, a la que incluso los chamanes temen. Otro gran espíritu es el del Aire, conocido en muchas regiones como Sila ("tiempo atmosférico", "inteligencia"). Reconocido practicamente en todas las zonas inuit, rige la lluvia, la nieve, el viento y el mar desde un reino situado muy por encima de la tierra. Aunque se lo concibe como una persona, el Espíritu del Aire no se encarna. El Espíritu de la Luna es la tercera de las grandes fuerzas espirituales.Toda ellas son inherentemente benévolas, pero los humanos las consideran peligrosas, sobre todo al Espíritu del Mar, por su aguda sensibilidad a los malos actos de los hombres, a los que responde enviándoles mal tiempo, fracaso en la caza y enfermedades y para protegerse, los inuit pronunciaban palabras mágicas, se ponen máscaras y amuletos (preferentemente extremidades de animales) y acuden a sus chamanes. En el plantel de espíritus menores, tanto benévolos como malévolos, los más interesantes son los "espíritus de ayuda" de animales, objetos o personas muertas, que los chamanes encuentran en el transcurso de su largo aprendizaje, al poseer al chamán, uno de estos espíritus puede prestar una colaboración vital a sus esfuerzos.
La creencia inuit en unos reinos situados en el cielo y bajo la superficie de la tierra, cada uno de ellos definido por el gran espíritu que habita en él, ayuda a comprender el concepto de "alma" y de su reciclaje. La creencia en la existencia de un alma en los animales explica el respeto especial que dispensa este pueblo a sus presas. La creencia espiritual del ser humano resulta más compleja. Tras la muerte física, una parte de esta esencia entra, quizá para siempre, en los infiernos o en el reino del cielo, dependiendo de como haya muerto la persona. Otra parte, encarnada en el nombre de la persona, se reincorporará a un pariente recién nacido; imponer a un niño el nombre de alguien fallecido hace poco significa que su antepasado le transferirá ciertas cualidades personales.
En la actualidad, prácticamente todos los inuit profesan el cristianismo, que han asimilado rápidamente a la luz de sus creencias tradicionales. La mitología de este pueblo no reconoce una deidad creadora omnipotente, pero asocia el dios cristiano con las principales potencias espirituales y a los chamanes con los misioneros. En algunas regiones del suroeste de Alaska, los inuit practican la fe ortodoxa rusa y participan en una ceremonia navideña que denominan Selavic; que, para ellos, incorpora significados cristianos y tradicionales y comienza y acaba con un servicio religioso. Dura hasta diez días, con su procesión encabezada por grandes representaciones de estrellas que van anunciando de casa en casa el nacimiento de Cristo, y en cada casa se cantan himnos y reparten regalos.
Las procesiones de casa en casa eran importantes en la religión tradicional de este pueblo de Alaska. Antes de la Fiesta de la Vejiga, por ejemplo, la comunidad humana se abría al mundo espiritual llevando a los muchachos por la aldea de puerta en puerta. El reparto de regalos en Selavic es una versión moderna de la tradicional distribución de comida en la comunidad inuit, reflejo de su ética de generosidad.
La creencia inuit en unos reinos situados en el cielo y bajo la superficie de la tierra, cada uno de ellos definido por el gran espíritu que habita en él, ayuda a comprender el concepto de "alma" y de su reciclaje. La creencia en la existencia de un alma en los animales explica el respeto especial que dispensa este pueblo a sus presas. La creencia espiritual del ser humano resulta más compleja. Tras la muerte física, una parte de esta esencia entra, quizá para siempre, en los infiernos o en el reino del cielo, dependiendo de como haya muerto la persona. Otra parte, encarnada en el nombre de la persona, se reincorporará a un pariente recién nacido; imponer a un niño el nombre de alguien fallecido hace poco significa que su antepasado le transferirá ciertas cualidades personales.
En la actualidad, prácticamente todos los inuit profesan el cristianismo, que han asimilado rápidamente a la luz de sus creencias tradicionales. La mitología de este pueblo no reconoce una deidad creadora omnipotente, pero asocia el dios cristiano con las principales potencias espirituales y a los chamanes con los misioneros. En algunas regiones del suroeste de Alaska, los inuit practican la fe ortodoxa rusa y participan en una ceremonia navideña que denominan Selavic; que, para ellos, incorpora significados cristianos y tradicionales y comienza y acaba con un servicio religioso. Dura hasta diez días, con su procesión encabezada por grandes representaciones de estrellas que van anunciando de casa en casa el nacimiento de Cristo, y en cada casa se cantan himnos y reparten regalos.
Las procesiones de casa en casa eran importantes en la religión tradicional de este pueblo de Alaska. Antes de la Fiesta de la Vejiga, por ejemplo, la comunidad humana se abría al mundo espiritual llevando a los muchachos por la aldea de puerta en puerta. El reparto de regalos en Selavic es una versión moderna de la tradicional distribución de comida en la comunidad inuit, reflejo de su ética de generosidad.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Las regiones Árticas.
La mitología de las regiones árticas refleja un entorno duro y peligroso, un paisaje solitario con población escasa y dispersa. Con un telón de fondo tal desolado, la amenaza de la inanición es un tema mitológico muy común: la agricultura resulta imposible y todo el alimento procede de los animales, que en los mitos aparecen ayudando y engañando a los humanos. Elementos fundamentales para la supervivencia, lo animales aparecen en el Ártico aparecen dotados de alma propia y merecen gran respeto, el cazador pide excusas a la pieza que acaba de abatir. Algunos inuit lanzan al mar la vejiga de la foca que apresan para que así el animal renazca y en su siguiente reencarnación se ofrezca como presa al mismo cazador.
Las estaciones, la salud y fertilidad de humanos y bestias, la benignidad y dureza de los elementos naturales deriva del mundo de los espíritus. El papel de ayudar a la comunidad a lograr el bienestar y de evitar la desgracia recae sobre el mediador con los espíritus, el chamán, vocación que solo algunos cumplen (por lo general, pero no siempre, hombres). Golpeando un tambor especial en un ritual de intensidad dramática, el chamán entra en trance para comunicarse con el mundo de los espíritus, entre los que viaja mientras está inconsciente, descubrir la situación de la caza (o de un reno perdido o un osos peligros concretos), qué espíritu está provocando enfermedades o rescatar el alma robada de un enfermo y salvarle así la vida.
En los relatos sobre curaciones chamánicas de la cultura inuit se describe un proceso de interrogatorio implacable, en el que el chamán trata de descubrir a través del enfermo, por qué se sienten ofendidos los espíritus. Quizá el paciente haya fumado una pipa prohibida, o haya partido un hueso que no debería haber tocado, o comido un trozo de caribú crudo vedado a aquel individuo. Si se trata de una mujer, quizá se haya peinado después de haber dado a luz. El chamán hace preguntas sobre las posibles transgresiones, y la comunidad entera, reunida en el iglú de invierno, clama por la liberación del paciente.
Las estaciones, la salud y fertilidad de humanos y bestias, la benignidad y dureza de los elementos naturales deriva del mundo de los espíritus. El papel de ayudar a la comunidad a lograr el bienestar y de evitar la desgracia recae sobre el mediador con los espíritus, el chamán, vocación que solo algunos cumplen (por lo general, pero no siempre, hombres). Golpeando un tambor especial en un ritual de intensidad dramática, el chamán entra en trance para comunicarse con el mundo de los espíritus, entre los que viaja mientras está inconsciente, descubrir la situación de la caza (o de un reno perdido o un osos peligros concretos), qué espíritu está provocando enfermedades o rescatar el alma robada de un enfermo y salvarle así la vida.
En los relatos sobre curaciones chamánicas de la cultura inuit se describe un proceso de interrogatorio implacable, en el que el chamán trata de descubrir a través del enfermo, por qué se sienten ofendidos los espíritus. Quizá el paciente haya fumado una pipa prohibida, o haya partido un hueso que no debería haber tocado, o comido un trozo de caribú crudo vedado a aquel individuo. Si se trata de una mujer, quizá se haya peinado después de haber dado a luz. El chamán hace preguntas sobre las posibles transgresiones, y la comunidad entera, reunida en el iglú de invierno, clama por la liberación del paciente.
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