El canibalismo constituía un rasgo muy común extendido en la creencias amerindias y en Sudamérica existían diversas formas, bien documentadas históricamente. Estrechamente vinculado con las ideas de guerra, muerte y regeneración, el canibalismo guardaba menos relación con el alimento que los conceptos de identidad social, parentesco y transferencia de la esencia del alma de una persona a otra.
En el "exocanibalismo" se comía real o simbólicamente la carne de un enemigo como expresión de fuerza guerrera o como humillación y venganza extremas. Las tribus caníbales inspiraban gran temor, pues se creía que sus guerreros estaban poseídos por un feroz espíritu de jaguar que los movía a despedazar y devorar a su presa. En el "endocanibalismo" existía una motivación más respetuosa se reducía a polvo los huesos de un muerto y se añadía a la cerveza de mandioca, que bebían los familiares del difunto, pues se creía que los huesos conservaban elementos vitales del espíritu de la persona, que podían perpetuarse en vida de quienes consumían ritualmente al difunto.
Mostrando entradas con la etiqueta Suramérica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Suramérica. Mostrar todas las entradas
miércoles, 28 de noviembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
Caza de cabezas y captura del alma.
Para algunas tribus amerindias, la caza de cabezas estaba cargada de significado sobrenatural y ritual. Entre los jibaros del Ecuador, que mantuvieron esta costumbre hasta los años 60, el privilejio de apoderarse de cabezas humanas estaba restringido a un grupo de guerreros temidos con fama de grandes matadores. En el pensamiento de este pueblo, matar y cortar cabezas eran dos actividades íntimamente asociadas con la posesión de dos clases de almas, la Arutam y la Muisak. Quien tenía la primera podía participar en las expediciones de caza de cabezas y la segunda estaba destinada a vengar la muerte de quien la poseía. Pero si se reducía la cabeza de un cadáver, el alma Muiska era irremediablemente arrastrada a ella e incapaz de escapar
lunes, 26 de noviembre de 2012
El mundo de los yanomami.
Los yanomami del sur de Venezuela han hecho todo lo posible por proteger sus creencias y modo de vida tradicionales frente a las influencias del mundo exterior.
Los yanomamis se autodenominan "pueblo fiero" y creen que la sangre de Periboriua (el Espíritu de la Luna) se derramó sobre la tierra, transformándose en hombres. Como nacieron de la sangre, se consideran fieros por naturaleza y guerrean continuamente entre si. Mas adelante uno de los descendientes de Periboriua dio a luz a los hombre y mujeres más dóciles. Según uno de los cuatro grupos yanomami, el origen de todas las cosas es Omama, benévolo dios creador. Al principio en el mundo había dos niveles, pero ahora hay tres: el tercero apareció cuando el nivel superior se desgastó y se desprendió de él una gran porción, en la que habitan dos hombres, uno de ellos Omama. Un día, mientras pescaba, Omama sacó de un arroyo a una mujer que no tenía genitales, sólo un orificio del tamaño del ano de un colibrí. Omama formó sus órganos sexuales con los dientes de una piraña y engendró a muchos hijos con ella, los antepasados de los yanomami. Otras razas se engendraron con la neblina o la espuma de los ríos, que un ave manipuló para formar hombres de distintos colores.
Los yanomamis se autodenominan "pueblo fiero" y creen que la sangre de Periboriua (el Espíritu de la Luna) se derramó sobre la tierra, transformándose en hombres. Como nacieron de la sangre, se consideran fieros por naturaleza y guerrean continuamente entre si. Mas adelante uno de los descendientes de Periboriua dio a luz a los hombre y mujeres más dóciles. Según uno de los cuatro grupos yanomami, el origen de todas las cosas es Omama, benévolo dios creador. Al principio en el mundo había dos niveles, pero ahora hay tres: el tercero apareció cuando el nivel superior se desgastó y se desprendió de él una gran porción, en la que habitan dos hombres, uno de ellos Omama. Un día, mientras pescaba, Omama sacó de un arroyo a una mujer que no tenía genitales, sólo un orificio del tamaño del ano de un colibrí. Omama formó sus órganos sexuales con los dientes de una piraña y engendró a muchos hijos con ella, los antepasados de los yanomami. Otras razas se engendraron con la neblina o la espuma de los ríos, que un ave manipuló para formar hombres de distintos colores.
jueves, 22 de noviembre de 2012
La selva ancestral.
Mitos sobre los orígenes de los pueblos de las selvas.
Los mitos de los pueblos amerindios de las selvas explican en primer lugar los orígenes de la humanidad y la cultura, elementos opuestos en la naturaleza. Como objetivo subyacente, los mitos individuales tiene múltiples niveles y abarca diversos temas, como los orígenes de la horticultura, las relaciones entre parentesco de sangre y por lazos políticos y los conceptos de conocimiento e ignorancia.
El origen de los seres humanos es el tema de numerosos mitos en los que los animales, las piedras y el barro pueden desempeñar un papel igualmente importante. Según los chibcha de Colombia, el sol y la luna crearon al primer hombre con barro y a la primera mujer con cañas. Más al sur, las tribus de la región del Choco había una primera raza de hombres destruida por los dioses por ser caníbales, de una segunda generación que se transformó en animales y de una tercera hecha de barro. Muchos pueblos, como los uarao del Orinoco y los toba del Gran Chaco, creen que los seres humanos vivían en el cielo pero descendieron a la tierra para robar animales de caza, quedaron atrapados y tuvieron que permanecer aquí para siempre.
El carácter de la mitología amerindia, como una especie de carta sagrada que preserva el actual orden social, se pone especialmente de manifiesto en los mitos sobre las diferencias entre hombres y mujeres. Suele asociarse a las mujeres con la fertilidad natural, el caos y la ignorancia, y a los hombres con al fertilidad cultural , el orden y el conocimiento sagrado. Un mito muy extendido desde la Amazonia hasta la Tierra de Fuego, con numerosas variantes, explica que, en sus orígenes el mundo estaba dominado por las mujeres, no por los hombres. Según los tupis de Brasil, el sol se enfadó tanto por el dominio femenino que decidió invertir la situación y tomar por compañera a una mujer perfecta. En primer lugar, hizo que una virgen llamada Ceucy quedara encinta de la savia de un árbol cucura y que diera a luz un niño, Jurupari, que despojó a las mujeres de su poder y se lo entregó a los hombres a quienes ordenó que celebrasen fiestas regularmente para conmemorar su monopolio del conocimiento y el poder y prohibiesen la participación de las mujeres bajo pena de muerte. Como precedente de tal castigo, Jurupari preparó la muerte de su propia madre y aún sigue buscando a la mujer perfecta, digna de ser la esposa del sol.
En la cosmología del Amazonas aparecen con frecuencia temas relacionados con el fuego. Cuando aún no se había domesticado, se creía que el fuego poseían un enorme potencial destructivo, y algunos mitos hablan de regiones enteras y de comunidades arrasadas por los incendios. También se vincula con el sexo, el nacimiento y el ciclo menstrual. La adquisición del fuego suponía una etapa fundamental en la evolución social, y a veces se conseguía mediante trampas, en cuyo caso conllevaba la pérdida de la inocencia.
Según los kayapos de Brasil, los seres humanos no tenían fuego y comían los vegetales crudos y calentaban la carne al sol, sobre piedras. Un día, un hombre y su cuñado, Botoque, más joven que él, vieron un nido de guacamayo en lo alto de un risco. Botoque subió por una escala y le tiró dos huevos a su compañero, pero los huevos se transformaron en piedras y le rompieron la mano al hombre, quien, muy enfadado, retiró la escala y dejó a Botoque en el risco.
Al cabo de unos días, Botoque vio un jaguar que llevaba arco y flechas y varias presas que había cazado. El felino saltó sobre la sombra del muchacho, pero al darse cuenta de su error , le prometió que no lo devolvería y que lo adoptaría como hijo y compañero de caza. Después volvió a colocar la escalera para que Botoque pudiera bajar.
A pesar de la hostilidad de su esposa, el jaguar llevó a Botoque a su casa, donde el muchacho vio fuego y comió carne cocinada por primera vez. Pero cuando el jaguar salió a cazar; su esposa se negó a darle a Botoque carne de tapir asada y desnudó los colmillos amenazadoramente, de modo que el muchacho se refugió en un árbol. Aunque el jaguar le riñó al volver a casa, ella no dejó de molestar a Botoque y finalmente el jaguar le enseñó a fabricar un arco y unas flechas para defenderse. Cuando la esposa volvió a amenazarlo, Botoque la mató con una flecha; cogió carne asada, sus armas y una brasa y regresó a su aldea.
Al ver los regalos de Botoque, los hombres de la aldea fueron a la casa del jaguar, donde robaron fuego, carne asada, hilos de algodón, arcos y flechas. El jaguar se encolerizó ante la ingratitud de su hijo adoptivo, y ahora come carne cruda y caza con sus garras y los colmillos, mientras que los hombres comen carne asada y cazan con arcos y flechas. Hoy puede verse el reflejo del fuego que perdió el jaguar en sus ojos como espejos. Según ciertas versiones del mito, mientras los hombres llevaban por la selva el fuego robado muchas aves recogieron las chispas para evitar que se incendiase la jungla. Algunas se quemaron, y por eso varias especies tienen el pico y las patas del color del fuego.
Según los barasana de Colombia, es Yurupary, o la Anaconda del Palo de Mandioca, la que obtiene el fuego de los infiernos y mata con él a su hermano el guacamayo.
Cuando la anaconda se quema y muere, sus huesos se transforman en los troncos carbonizados del huerto de la mandioca, en el que crecen las primeras plantas cultivadas que se nutren de su cuerpo.
Los mitos de los pueblos amerindios de las selvas explican en primer lugar los orígenes de la humanidad y la cultura, elementos opuestos en la naturaleza. Como objetivo subyacente, los mitos individuales tiene múltiples niveles y abarca diversos temas, como los orígenes de la horticultura, las relaciones entre parentesco de sangre y por lazos políticos y los conceptos de conocimiento e ignorancia.
El origen de los seres humanos es el tema de numerosos mitos en los que los animales, las piedras y el barro pueden desempeñar un papel igualmente importante. Según los chibcha de Colombia, el sol y la luna crearon al primer hombre con barro y a la primera mujer con cañas. Más al sur, las tribus de la región del Choco había una primera raza de hombres destruida por los dioses por ser caníbales, de una segunda generación que se transformó en animales y de una tercera hecha de barro. Muchos pueblos, como los uarao del Orinoco y los toba del Gran Chaco, creen que los seres humanos vivían en el cielo pero descendieron a la tierra para robar animales de caza, quedaron atrapados y tuvieron que permanecer aquí para siempre.
El carácter de la mitología amerindia, como una especie de carta sagrada que preserva el actual orden social, se pone especialmente de manifiesto en los mitos sobre las diferencias entre hombres y mujeres. Suele asociarse a las mujeres con la fertilidad natural, el caos y la ignorancia, y a los hombres con al fertilidad cultural , el orden y el conocimiento sagrado. Un mito muy extendido desde la Amazonia hasta la Tierra de Fuego, con numerosas variantes, explica que, en sus orígenes el mundo estaba dominado por las mujeres, no por los hombres. Según los tupis de Brasil, el sol se enfadó tanto por el dominio femenino que decidió invertir la situación y tomar por compañera a una mujer perfecta. En primer lugar, hizo que una virgen llamada Ceucy quedara encinta de la savia de un árbol cucura y que diera a luz un niño, Jurupari, que despojó a las mujeres de su poder y se lo entregó a los hombres a quienes ordenó que celebrasen fiestas regularmente para conmemorar su monopolio del conocimiento y el poder y prohibiesen la participación de las mujeres bajo pena de muerte. Como precedente de tal castigo, Jurupari preparó la muerte de su propia madre y aún sigue buscando a la mujer perfecta, digna de ser la esposa del sol.
En la cosmología del Amazonas aparecen con frecuencia temas relacionados con el fuego. Cuando aún no se había domesticado, se creía que el fuego poseían un enorme potencial destructivo, y algunos mitos hablan de regiones enteras y de comunidades arrasadas por los incendios. También se vincula con el sexo, el nacimiento y el ciclo menstrual. La adquisición del fuego suponía una etapa fundamental en la evolución social, y a veces se conseguía mediante trampas, en cuyo caso conllevaba la pérdida de la inocencia.
Según los kayapos de Brasil, los seres humanos no tenían fuego y comían los vegetales crudos y calentaban la carne al sol, sobre piedras. Un día, un hombre y su cuñado, Botoque, más joven que él, vieron un nido de guacamayo en lo alto de un risco. Botoque subió por una escala y le tiró dos huevos a su compañero, pero los huevos se transformaron en piedras y le rompieron la mano al hombre, quien, muy enfadado, retiró la escala y dejó a Botoque en el risco.
Al cabo de unos días, Botoque vio un jaguar que llevaba arco y flechas y varias presas que había cazado. El felino saltó sobre la sombra del muchacho, pero al darse cuenta de su error , le prometió que no lo devolvería y que lo adoptaría como hijo y compañero de caza. Después volvió a colocar la escalera para que Botoque pudiera bajar.
A pesar de la hostilidad de su esposa, el jaguar llevó a Botoque a su casa, donde el muchacho vio fuego y comió carne cocinada por primera vez. Pero cuando el jaguar salió a cazar; su esposa se negó a darle a Botoque carne de tapir asada y desnudó los colmillos amenazadoramente, de modo que el muchacho se refugió en un árbol. Aunque el jaguar le riñó al volver a casa, ella no dejó de molestar a Botoque y finalmente el jaguar le enseñó a fabricar un arco y unas flechas para defenderse. Cuando la esposa volvió a amenazarlo, Botoque la mató con una flecha; cogió carne asada, sus armas y una brasa y regresó a su aldea.
Al ver los regalos de Botoque, los hombres de la aldea fueron a la casa del jaguar, donde robaron fuego, carne asada, hilos de algodón, arcos y flechas. El jaguar se encolerizó ante la ingratitud de su hijo adoptivo, y ahora come carne cruda y caza con sus garras y los colmillos, mientras que los hombres comen carne asada y cazan con arcos y flechas. Hoy puede verse el reflejo del fuego que perdió el jaguar en sus ojos como espejos. Según ciertas versiones del mito, mientras los hombres llevaban por la selva el fuego robado muchas aves recogieron las chispas para evitar que se incendiase la jungla. Algunas se quemaron, y por eso varias especies tienen el pico y las patas del color del fuego.
Según los barasana de Colombia, es Yurupary, o la Anaconda del Palo de Mandioca, la que obtiene el fuego de los infiernos y mata con él a su hermano el guacamayo.
Cuando la anaconda se quema y muere, sus huesos se transforman en los troncos carbonizados del huerto de la mandioca, en el que crecen las primeras plantas cultivadas que se nutren de su cuerpo.
martes, 20 de noviembre de 2012
Chamanes de Sudamérica.
En la visión de universo de las sociedades de las selvas tropicales, todo lo que ocurre tiene una causa o consecuencia relacionadas con el mundo de los espíritus. Estos espíritus todopoderosos son peligrosamente ambiciosos, y el chamán desempeña un papel clave como intermediario con el mundo sobrenatural.
En virtud de su capacidad para convencer a los espíritus peligrosos en igualdad de términos, el chamán actúa como hechicero, curandero, adivino, juez y mantenedor del código moral. Con frecuencia realiza sus actividades espirituales en sesiones nocturnas. Los chamanes que se identifican con un jaguar o que se transforma en este animal, el predador más poderoso y de mayor tamaño de Sudamérica son los más temidos y respetados. Se visten con pieles de jaguar, llevan collares de colmillos de este felino e incluso rugen como él en las ceremonias en las que adivina el futuro, curan enfermedades mágicas, aseguran una buena caza o actúan como "guerreros sobrenaturales" enviando muerte y enfermedades a las aldeas enemigas.
Las alucinaciones, como las producidas por la ayahuasca o el vihoo, constituyen la ventana por la que el chamán se asoma al mundo de los espíritus, que le permiten ver y comprender la verdadera naturaleza de las cosas, explican los acontecimientos y sugerir formas de actuar. En las regiones al noroeste del Amazonas solía llamarse a las drogas empleadas en las ceremonias droga o esperma de jaguar, y en algunos casos se guardaban en huesos huecos de este animal.
La búsqueda visionaria del chamán está imbuida de significado mitológico, representación de las actividades primordiales de los espíritus de los antepasados. En algunas sociedades los poderes del chamán continúan ejerciéndose después de la muerte y sigue protegiendo a su comunidad contra los espíritus malignos o los chamanes de otras aldeas.
En muchos casos se cree que el alma del chamán muerto se transforma en su alter ego, el jaguar, y despierta gran temor, en la creencia de que, cuando se ve uno de estos felinos por la noche junto a una aldea o un cementerio se trata de la esencia transformada del chamán difunto
En virtud de su capacidad para convencer a los espíritus peligrosos en igualdad de términos, el chamán actúa como hechicero, curandero, adivino, juez y mantenedor del código moral. Con frecuencia realiza sus actividades espirituales en sesiones nocturnas. Los chamanes que se identifican con un jaguar o que se transforma en este animal, el predador más poderoso y de mayor tamaño de Sudamérica son los más temidos y respetados. Se visten con pieles de jaguar, llevan collares de colmillos de este felino e incluso rugen como él en las ceremonias en las que adivina el futuro, curan enfermedades mágicas, aseguran una buena caza o actúan como "guerreros sobrenaturales" enviando muerte y enfermedades a las aldeas enemigas.
Las alucinaciones, como las producidas por la ayahuasca o el vihoo, constituyen la ventana por la que el chamán se asoma al mundo de los espíritus, que le permiten ver y comprender la verdadera naturaleza de las cosas, explican los acontecimientos y sugerir formas de actuar. En las regiones al noroeste del Amazonas solía llamarse a las drogas empleadas en las ceremonias droga o esperma de jaguar, y en algunos casos se guardaban en huesos huecos de este animal.
La búsqueda visionaria del chamán está imbuida de significado mitológico, representación de las actividades primordiales de los espíritus de los antepasados. En algunas sociedades los poderes del chamán continúan ejerciéndose después de la muerte y sigue protegiendo a su comunidad contra los espíritus malignos o los chamanes de otras aldeas.
En muchos casos se cree que el alma del chamán muerto se transforma en su alter ego, el jaguar, y despierta gran temor, en la creencia de que, cuando se ve uno de estos felinos por la noche junto a una aldea o un cementerio se trata de la esencia transformada del chamán difunto
sábado, 17 de noviembre de 2012
Mundos espirituales
El universo transformado.
Las vastas extensiones de la cuenca amazónica acogen una extraordinaria variedad de sociedades amerindias que, si bien con una tecnología sencilla, poseen unos sistemas sociales, económicos, rituales y místicos que demuestran una profunda comprensión de su entorno, además de ofrecer explicaciones muy sofisticadas sobre la humanidad y su modo de vida. Aunque todas dependan de la caza, la recolección, la pesca y la horticultura, estas sociedades no tienen creencias ni deidades en común, pero sus mitos locales demuestran una unidad y coherencia subyacentes, pues la mitología de un grupo parece haber evolucionado a partir de la de otro grupo, a modo de ilustración de unas preocupaciones comunes tratadas con una lógica también común.
Para la mente occidental, el universo amerindio es un mundo "mágico" definido en parte por los actos caprichosos de espíritus poderosos y ambivalentes y en parte por las actividades del chamán, que ejerce el papel de interceder entre ellos y la sociedad en la que vive. En esta concepción del universo, en las que las personas se transforman en animales y viceversa, las fronteras entre los humanos y los animales, lo natural y lo sobrenatural no son permeables, sino que están sujetas a una continua reinterpretacion.
Los mitos amerindios reflejan un mundo de transformaciones en el que la vida es el resultado de una mezcla de categorías de seres recíprocamente hostiles y peligrosos: hombres y mujeres, familiares por consanguinidad y parientes políticos, jaguares y seres humanos. En tiempos primitivos, el origen del mundo estaba invertido y eran los hombres quienes menstruaban y los jaguares los que poseían el fuego y cazaban con arcos y flechas. Los mitos cuentan cómo cambiaron estas primeras relaciones y cómo se estableció el orden actual. Para logra la supervivencia de la sociedad y evitar el desorden y, en última instancia, la catástrofe, hubo que aceptar las normas de conducta social y la obediencia ritual, tal y como fueron establecidas por los antepasados míticos.

Las casas ceremoniales de los habitantes de las selvas tropicales poseen una estructura con un profundo simbolismo: muchas están concebidas como microcosmos de los universos sociales y cósmicos de las tribus. Las rotondas de los yekuanas de Venezuela, por ejemplo, imitan la estructura primordial construida por una encarnación del dios del sol, Uanadi. Los detalles arquitectónicos reflejan rasgos de la esfera celeste y de la geografía mítica. El poste central (coronado por un pájaro carpintero de cresta carmesí, forma animal de la encarnación de Uanadi) vincula simbólicamente el inframundo de las almas perdidas con la tierra intermedia de los hombres y a cúpula de los cielos; las dos vigas transversales están orientadas hacia el norte y el sur para reflejar la aparición de la Vía Láctea en el cielo nocturno, y la entrada principal hacia el este, permitiendo que el sol equinoccial ascendente ilumine el poste central.
Las vastas extensiones de la cuenca amazónica acogen una extraordinaria variedad de sociedades amerindias que, si bien con una tecnología sencilla, poseen unos sistemas sociales, económicos, rituales y místicos que demuestran una profunda comprensión de su entorno, además de ofrecer explicaciones muy sofisticadas sobre la humanidad y su modo de vida. Aunque todas dependan de la caza, la recolección, la pesca y la horticultura, estas sociedades no tienen creencias ni deidades en común, pero sus mitos locales demuestran una unidad y coherencia subyacentes, pues la mitología de un grupo parece haber evolucionado a partir de la de otro grupo, a modo de ilustración de unas preocupaciones comunes tratadas con una lógica también común.
Para la mente occidental, el universo amerindio es un mundo "mágico" definido en parte por los actos caprichosos de espíritus poderosos y ambivalentes y en parte por las actividades del chamán, que ejerce el papel de interceder entre ellos y la sociedad en la que vive. En esta concepción del universo, en las que las personas se transforman en animales y viceversa, las fronteras entre los humanos y los animales, lo natural y lo sobrenatural no son permeables, sino que están sujetas a una continua reinterpretacion.
Los mitos amerindios reflejan un mundo de transformaciones en el que la vida es el resultado de una mezcla de categorías de seres recíprocamente hostiles y peligrosos: hombres y mujeres, familiares por consanguinidad y parientes políticos, jaguares y seres humanos. En tiempos primitivos, el origen del mundo estaba invertido y eran los hombres quienes menstruaban y los jaguares los que poseían el fuego y cazaban con arcos y flechas. Los mitos cuentan cómo cambiaron estas primeras relaciones y cómo se estableció el orden actual. Para logra la supervivencia de la sociedad y evitar el desorden y, en última instancia, la catástrofe, hubo que aceptar las normas de conducta social y la obediencia ritual, tal y como fueron establecidas por los antepasados míticos.

Las casas ceremoniales de los habitantes de las selvas tropicales poseen una estructura con un profundo simbolismo: muchas están concebidas como microcosmos de los universos sociales y cósmicos de las tribus. Las rotondas de los yekuanas de Venezuela, por ejemplo, imitan la estructura primordial construida por una encarnación del dios del sol, Uanadi. Los detalles arquitectónicos reflejan rasgos de la esfera celeste y de la geografía mítica. El poste central (coronado por un pájaro carpintero de cresta carmesí, forma animal de la encarnación de Uanadi) vincula simbólicamente el inframundo de las almas perdidas con la tierra intermedia de los hombres y a cúpula de los cielos; las dos vigas transversales están orientadas hacia el norte y el sur para reflejar la aparición de la Vía Láctea en el cielo nocturno, y la entrada principal hacia el este, permitiendo que el sol equinoccial ascendente ilumine el poste central.
lunes, 30 de mayo de 2011
Los cielos sobre Misminay
En la aldea andina de Misminay, de lengua quechua, a unos 25 kilómetros de Cuzco, las constelaciones animales y la Vía Láctea continuan ejerciendo gran influjo en nuestros días sobre el pensamiento mitológico y cosmológico.
En Misminay se considera el río Vilcanota no sólo reflejo terrestre de la Vía Láctea, o Mayu, sino parte integrante del reciclado cósmico del agua que fluye entre la tierra y el cielo, de donde vuelve a caer a la tierra en forma de lluvia. Considerada asimismo centro de la esfera celeste, la Vía Láctea se mueve de tal manera en el transcurso de 24 horas que parece formar dos ejes cruzados que dividen los cielos en cuatro partes, cada una de las cuales se denominan suyu. Estos cuatro cuartos constituyen una red celeste que permite a los habitantes de Misminay calcular y caracterizar los fenómenos astronómicos.
La división cuatripartita de los cielos no es un fenómeno aislado, sino que se integra en un mundo más amplio, como equivalente celeste de la división cuatripartita de la aldea, dividida en cuadrados por la intersección de dos grandes senderos y los dos canales de riego mayores que discurren en paralelo a éstos. Los senderos y canales coinciden en una capilla, el Crucero, nombre que recibe asimismo el punto del cielo en el que se encuentran los dos ejes celestes.
El cronista Polo de Ondegardo escribía en 1571 que, en el pensamiento inca, todas las aves y otros animales tienen un reflejo en el cielo, responsable de la procreación y del sustento de sus equivalentes en la tierra. Una característica de la astronomía de Misminay, que recuerda creencias incas anteriores, es el reconocimiento de las constelaciones de "nubes oscuras", como la Llama adulta, la Llama Pequeña, el zorro, el sapo, el Tinamú y la Serpiente, conocidas colectivamente como Pachatira, reflejo de su vinculo con Pacha Mama, madre de la tierra, y con la fertilidad terrenal. Así, cuando Centauro Alfa y Beta ("los ojos de la llama) salen antes del amanecer a finales de noviembre y diciembre, paren las llamas terrenales.
Las constelaciones de la "nube oscura" también revisten importancia por su relación con la estación de las lluvias y con las condiciones atmosféricas en general. La constelación de la Serpiente, por ejemplo, es visible en el cielo durante la estación de las lluvias, pero en la seca está "bajo tierra", es decir, bajo el horizonte. En el pensamiento quechúa, tal circunstancia se corresponde con la aparición del arco iris (concebido como una serpiente multicolor), que brota de la tierra después de una tormenta.
En Misminay se considera el río Vilcanota no sólo reflejo terrestre de la Vía Láctea, o Mayu, sino parte integrante del reciclado cósmico del agua que fluye entre la tierra y el cielo, de donde vuelve a caer a la tierra en forma de lluvia. Considerada asimismo centro de la esfera celeste, la Vía Láctea se mueve de tal manera en el transcurso de 24 horas que parece formar dos ejes cruzados que dividen los cielos en cuatro partes, cada una de las cuales se denominan suyu. Estos cuatro cuartos constituyen una red celeste que permite a los habitantes de Misminay calcular y caracterizar los fenómenos astronómicos.
La división cuatripartita de los cielos no es un fenómeno aislado, sino que se integra en un mundo más amplio, como equivalente celeste de la división cuatripartita de la aldea, dividida en cuadrados por la intersección de dos grandes senderos y los dos canales de riego mayores que discurren en paralelo a éstos. Los senderos y canales coinciden en una capilla, el Crucero, nombre que recibe asimismo el punto del cielo en el que se encuentran los dos ejes celestes.
El cronista Polo de Ondegardo escribía en 1571 que, en el pensamiento inca, todas las aves y otros animales tienen un reflejo en el cielo, responsable de la procreación y del sustento de sus equivalentes en la tierra. Una característica de la astronomía de Misminay, que recuerda creencias incas anteriores, es el reconocimiento de las constelaciones de "nubes oscuras", como la Llama adulta, la Llama Pequeña, el zorro, el sapo, el Tinamú y la Serpiente, conocidas colectivamente como Pachatira, reflejo de su vinculo con Pacha Mama, madre de la tierra, y con la fertilidad terrenal. Así, cuando Centauro Alfa y Beta ("los ojos de la llama) salen antes del amanecer a finales de noviembre y diciembre, paren las llamas terrenales.
Las constelaciones de la "nube oscura" también revisten importancia por su relación con la estación de las lluvias y con las condiciones atmosféricas en general. La constelación de la Serpiente, por ejemplo, es visible en el cielo durante la estación de las lluvias, pero en la seca está "bajo tierra", es decir, bajo el horizonte. En el pensamiento quechúa, tal circunstancia se corresponde con la aparición del arco iris (concebido como una serpiente multicolor), que brota de la tierra después de una tormenta.
domingo, 29 de mayo de 2011
Los cielos sagrados

Constelaciones de animales y líneas sagradas.
En la visión cosmológica de los incas, el poder sagrado de los fenómenos celestiales se manifestaba en un rico mosaico de creencias que vinculaban los acontecimientos terrenales con los del cielo nocturno. Según una concepción típicamente amerindia, se atribuía un significado mítico y espiritual a los fenómenos astronómicos, actitud que se refleja, en parte, en el carácter celestial de deidades importantes como Inti (dios del sol), Mama Kilya (diosa del la luna) e Ilyap'a (dios del trueno y del tiempo atmosférico). Pero también revestían gran importancia la Vía Láctea y se consideraba a las estrellas deidades menores y protectoras de ciertas actividades terrenales.
A este respecto destacan las Pléyades, denominadas Collca ("El Granero") y consideradas guardianas celestiales de las semillas y la agricultura, y junto a otras constelaciones servían para construir un calendario lunar sideral. También resultaban útiles para promosticar la fertilidad agrícola y la producción animal. Se pensaba que el grupo de estrellas conocido como Orco-Cilay ("la llama multicolor") protegía los rebaños de llamas reales y se identificaba la Chasca-Coylor ("La estrella lanuda") con Venus, estrella matutina.
Si bien no se les puede considerar astrónomos en el sentido moderno, los incas realizaron observaciones sobre ciertos fenómenos celestes, como la salida y el ocaso del sol, y los relacionaron con las fases y los movimientos de la luna. Los sacerdotes-astrónomos observaban los movimientos solares para calcular las fechas de las dos celebraciones rituales más importantes, que tenían lugar en Cuzco: los solsticios de diciembre y junio. En el solsticio de diciembre se celebraba la gran fiestas real de Capac Raymi, centrada en los ritos de iniciación de los muchachos de ascendencia regia, y se observaba el sol al atardecer desde el Coricancha (Templo del Sol, en Cuzco)
Mito, religión. astronomía y el sistema de ceques se entretejían en las creencias de los incas. Observaban, por ejemplo, el crepúsculo el 26 de abril desde el mismo lugar en que se habían estudiado el ocaso de las Pléyades alrededor del 15 de abril, un punto de la plaza central de Cuzco, llamado Ushnuo. Contemplaban el crepúsculo entre dos columnas erigidas en una montaña cercana, al oeste de la ciudad, consideradas huaca sagrada, que estaban situadas en un ceque siguiendo el cual, al otro lado del horizonte, había una fuente sagrada Catachillay, otro nombre de las Pléyades.
El rasgo más destacado de la astronomía inca consistía en el estudio de la Vía Láctea y las constelaciones contiguas de "nubes negras", formadas por zonas opacas de polvo interestelar, como la Yacana ("la Llama") y la Yutu-yutu ("la Tinamou, ave parecida a la perdiz"). Según el mito, cuando la llama celestial desaparece, a medianoche, va a beber agua en la tierra y así evita las inundaciones.
Habitualmente, las llamas se contaban entre los animales sacrificiales más valiosos y se ofrecían en las cimas de las montañas a la luna nueva, y el octubre no daban de comer a las de color negro con el fin de hacerlas llorar, y así pedir lluvia a los dioses.
martes, 24 de mayo de 2011
Viracocha, el creador supremo.

Viracocha era la deidad creadora, omnipresente e inconmensurable que animaba el universo dotando de vida a seres humanos, animales, plantas y dises menores. Ser sobrenatural un tanto distante, delegaba los asuntos cotidianos en deidades más activas, como Inti e Ilyap'a. Tenía una representación en el santuario de Cuzco, donde la vieron por primera vez los españoles, la estatua de oro de un hombre blanco y barbado con una larga túnica, de una altura como la de un niño de diez años.
Para los incas, esta deidad inmanente no tenia nombre y se la denominaba con una serie de títulos acordes con su condición primordial. El más común era Ilya-Tiquisi Wiracoca Pacayacacic ("Antiguo Cimiento, Señor, Instructor del Mundo"), normalmente vertido al castellano como Viracocha. Orígen último de todo poder divino, también se le concebía como héroe cultural, que, tras crear el mundo, viajó por sus dominios enseñando a la gente a vivir y configurando el paisaje. Los mitos sobre sus periplos mágicos cuenta que, al llegar a Manta, en Ecuador, atravesó el Pacífico, en una balsa o caminando sobre su capa (esta última versión podría deberse a la influencia cristiana). Cuando los españoles llegaron a Perú por mar, en 1532, los nativos los creyeron emisarios de la divinidad creadora y los llamaron viracochas, término respetuoso que aún emplean los quechuahablantes.
En los sacrifícios más importantes, que sólo se realizaban en las ocasiones solemnes, como la coronación de un emperador, se ofrecían seres humanos a Viracocha y otras deidades. Se valoraban de forma muy especial los sacrificios de niños, llamados capacochas, y los sacerdotes elevaban una plegaria al dios antes de la ofrenda. Se han encontrado víctimas conservadas por el frío en los volcanes y picos nevados andinos, míticas moradas de los dioses y espíritus.
domingo, 22 de mayo de 2011
El panteón inca
Viracocha, Inti, Mama Kilya e Ilyap'aLa religión inca estaba presidida por un conjunto de poderosos dioses del cielo, el más importante de los cuales, si bien un tanto remoto, era Viracocha. Había tres deidades que intervenían más activamente en la vida cotidiana: Inti, dios del sol; Mama Kilya, diosa de la Luna, e Ilyap'a, dios del trueno y el tiempo atmosférico. Estas y otras deidades representaban sus papeles mitológicos en un escenario típicamente amerindio, impregnado de potencias sobre naturales y esencias sagradas.
Considerado antepasado divino de la familia real inca, Inti era una deidad exclusiva de este pueblo y centro de numerosos rituales estatales: en la ideología inca, el emperador era el "hijo del sol". Solía representarse a Inti con un gran disco dorado rodeado de rayos solares, con rosto humano, y su culto tenía como eje el gran Templo deo Sol o Coricancha, en Cuzco, en el que la reluciente imagen solar del dios estaba flanqueada por las momias con complicados ropajes de los emperadores muertos y rodeada por muros cubiertos de láminas de oro sagrado, el "sudor del Sol". El vinculo mitológico entre el oro y la ideología inca se manifiesta de modo muy especial en el jardín del templo de Coricancha, en el que puede admirarse representaciones en oro y plata de todas las formas de vida conocidas por los orfebres de la época, desde una mariposa hasta una llama.
Aunque, en calidad de religión oficial del estado, el culto al sol ocupaba una posición eminente, no era Inti la única deidad venerada en el complejo de Coricancha. También revestía gran importancia Ilyap'a, dios al que se dirigían oraciones para pedir la lluvia fertilizante, pues era él quien recogía la lluvia del cielo, sobre todo de la Vía Lactea, considerada un río celestial que fluía por el cielo nocturno. La lluvia se guardaba en una jarra que poseía la hermana de Ilyap'a y sólo se soltaba cuando este dios rompía el recipiente disparando con su honda un proyectil en forma de rayo. El trueno era el chasquido de la honda y el relámpago el destello de sus ropas al moverse.
Su venerada hermana Mama Kilya, diosa de la luna y consorte y hermana de Inti, como madre de la raza de los incas, encargada de señalar el paso del tiempo y, por consiguiente, de regular las fiestas religiosas del calendario ritual. Los incas creían que en los eclipses lunares una gran serpiente o león de la montaña trataba de devorar la imagen celestial de Mama Kilya y asustaban a aquel ser haciendo el mayor ruido posible. La imagen de Mama Kilya en el complejo de Coricancha estaba flanqueada por las momias de las anteriores reinas incas (coyas) y el santuario estaba revestido de plata, el color de la luna en el cielo nocturno.
En las creencias religiosas también figuraban otros dioses menores, entre los que destacaba Cuichu, el arco iris, y un grupo de seres sobrenaturales femeninos como Pacha Mama, la madre de la tierra y Mama Coca, la madre del mar.
sábado, 21 de mayo de 2011
El Dorado.

Uno de los rasgos más imperecederos de la mitología Suramericana es la leyenda del Dorado, nombre que evoca imágenes fantasticas en las mentes occidentales. El oro constituía un medio sagrado para muchas civilizaciones precolombinas, como la mochica, la chimú y la inca, debido en parte a su brillo incorruptible y a sus asociaciones rituales y mitológicas con el sol, el mundo de los espíritus y la fertilidad. El oro y la plata del Perú incaico despertaron la imaginación y la codicia de los conquistadores españoles. Gonzalo Pizarro, hermano del conquistador de Perú, organizó una espedición con Francisco de Orellana para buscar la tierra del rey poseedor de tan inmensas riquezas que le ungían a diario con resina exquisita para fijar el polvo de oro con que se adornaban el cuerpo. Pero en realidad, la leyenda de El Dorado tiene su origen al norte del Perú, entre las jefaturas de Colombia, donde se han identificado diversos estilos de trabajar el oro. Juan de Castellanos observó en 1589 que en estas antiguas sociedades colombianas el oro era la sustancia que daba a los nativos el aliento de la existencia, aquello por lo que vivían y morían,
La leyenda de El Dorado se basa en la realidad histórica, en los ritos amerindios que en sus orígenes se celebraban en el lago Guatavita, en los altiplanos de Colombia. Aquí tuvo lugar una ceremonia para celebrar la ascensión al trono de un nuevo rey que, tras una época de reclusión en una cueva, peregrinó hasta el lago con el fin de hacer ofrendas a la principal deidad. Al llegar al lago, el futuro rey fue despojado de sus galas y recubrieron su cuerpo con resina sobre la que aplicaron una capa de fino polvo de oro. De esta guisa se internó en el lago acompañado por sus servidores (cuatro jefes de pueblos sometidos), revestidos de complicados ornamentos también en oro. Incluso la balsa estaba ricamente adornada, y cuatro braseros humeaban con el incienso sagrado. Atravesaron las aguas mientras el aire resonaba con el sonido de flautas, trompetas y cánticos. Al llegar el centro del lago se hizo el silencio y el nuevo jefe y sus acompañantes arrojaron todos los objetos de oro al agua para a continuación volver a la orilla, donde el monarca fue recibido ceremonialmente.
Esta ceremonia impresionó grandemente a los europeos que la pressenciaron. "Caminaba cubierto de polvo de oro con tanta naturalidad como si se hubiera tratado de sol", escribía Gonzalo Fernández de Oviedo en el siglo XVI. En un grabado de 1599 aparecen dos hombres preparando a su nuevo jefe muisca para su deslumbrante toma de poder. Uno de ellos extiende resina en el cuerpo del monarca y el otro sopla polvo de oro por un tubo. En esta representación salta a la vista la influencia europea, pues el grabador (Teodoro de Bry) nunca había estado en las Americas y se inspiró en testimonios de segunda mano.
Sin embargo, la imagen es un poderoso símbolo del influjo de los mitos y rituales amerindios en la imaginación europea y de la fascinación que siempre ha ejercido el oro.
viernes, 20 de mayo de 2011
El mito sobre los orígenes de los incas.

Los antepasados míticos de los incas salieron de tres cuevas en Pacariquetambo ("el lugar de los orígenes"), cerca de Cuzco. Eran tres hermanos y tres hermanas, vestidos con mantos y camisas de lana fina, que llevaban vasijas de oro.
Uno de los muchachos, Ayar Cachi, incurrió en la cólera de sus familiares al hacer grandes alardes de fuerza lanzando piedras con su honda para dar forma al paisaje. Celosos de semejante poder, sus hermanos lo convencieron de que regresara a Pacariquetambo para recoger una copa de oro y la llama sagrada y sellaron la cueva. Pero Ayar Cachi escapó, se apareció a sus hermanos y les dijo que a partir de entonces debían llevar pendientes de oro en señal de su condición regia y que lo encontrarían viviendo en la cima de una montaña llamada Huanacauri. Sus hermanos y hermanas subieron a la montaña, donde volvió a aparecérseles Ayar Cachi, que se transformó en piedra. El tercer hermano, que se autoimpuso el nombre de Manco Capac, fundó la ciudad de Cuzco (con la ayuda de un cayado de oro, según ciertas versiones) en el enclave en el que se alzaría más adelante el Templo del Sol, Coricancha.
Las diversas formas de este mito coinciden en la prerrogativas de la dinastía real inca, como el matrimonio del emperador con su hermana, los ropajes de la nobleza y los orígenes de los santuarios y las peregrinaciones a las montañas sagradas.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Mitos de los Andes

Los incas y sus predecesores.
Caracterizada por cumbres nevadas, volcanes, ríos vertiginosos y elevadas praderas puna, la cordillera de los Andes albergó diversas culturas precolombinas. Este impresionante paraje estaba impregnado de poder espiritual: se creía que las altas cimas eran morada de los dioses y espíritus y se atribuía significado mítico a ríos, lagos, cuevas y lluvias, tradición que se conserva hoy en día, pues se veneran los picos más altos, como Ausangate, con el nombre de Apu, "Señor", y se cree que influyen sobre la fertilidad de animales y plantas. En gran parte de los Andes las peregrinaciones sagradas a montañas elevadas siguen constituyendo un rasgo fundamental de la religión tradicional, que se remonta a épocas precolombinas. Este aspecto de la visión del mundo andino se asocia asimismo con el concepto de huacas, lugares sagrados diseminados por la región en los que se presentaban ofrendas a las deidades locales en épocas preincaicas e incaicas e incluso en la actualidad.
Las antiguas sociedades andinas creían en diversos mitos de origen local, pero la llegada de los incas supuso un reordenamiento político y religioso que quedó reflejado en las remodelaciones de los mitos locales con el fin de adaptarlos a la nueva ideología imperialista de los incas, en la que ocupaba un lugar eminente el dios creador Viracocha.
Para los incas y sus predecesores, el lugar de los orígenes míticos se encontraba al sureste de Cuzco, en las cercanías del lago Titicaca. Según cierta versión, allí creó Viracocha un mundo de oscuridad, habitado por una raza de gigantes a los que había esculpido en piedra. Pero estas primeras gentes desobedecieron a su creador y en castigo se convirtieron de nuevo en piedra en puntos como Tiahuanaco y Pucara, o quedaron sumergidos en la inundación que provocó Viracocha. Solo sobrevivieron un hombre y una mujer, que fueron transportados mágicamente a la morada de los dioses en Tiahuanaco. En la segunda tentativa, Viracocha modeló a los seres humanos con barro, pintó sobre ellos las ropas que distinguían a cada nación y les dio sus costumbres, lengua y canciones diferenciadoras y las semillas que cultivar.
Tras haberles insuflado la vida, les ordenó que descendieran a la tierra y que salieran de las cuevas, los lagos y montañas. Así lo hicieron, y cada nación erigió santuarios en honor del dios en los lugares en los que habían vuelto a entrar al mundo. Para crear la luz, Viracocha ordenó al sol, la luna y las estrellas que salieran de la Isla del Sol, en el lago Titicaca, desde donde ascendieron a los cielos. Cuando subió el sol, Viracocha habló a los incas y a su jefe, Manco Capac, y les profetizó que serían señores y conquistadores de muchas naciones. Concedió a Manco Capac un tocado y un hacha de guerra, distintivos y arma de la realeza. Después, el nuevo rey condujo a sus hermanos y hermanas hasta la tierra, de donde salieron, en la cueva de Pacarictambo. Este mito sobre la creación no sólo representa la versión inca de las antiguas creencias andinas, sino que probablemente conserva la influencia cristiana. En los relatos sobre un gran diluvio, el primer hombre y la primera mujer, la descripción de Viracocha como hombre blanco y los viajes que emprende el dios como figura heroica se aprecian las enseñanzas de los sacerdotes católicos, empeñados en aniquilar el paganismo nativo.
Según el mito contemporáneo de la comunidad quero, cercana a Cuzco, hubo una época anterior a la existencia del sol en la que el mundo estaba poblado de poderosos hombres primordiales. Como Roal, deidad creadora, les ofreció su propio poder, ellos replicaron que no lo necesitaban, y en castigo, Roal creó el sol. Los hombres quedaron ciegos y sus cuerpos secos, pero no murieron, y todavía salen de vez en cuando de sus escondites, al atardecer y con luna nueva. Después, los Apus (espíritus de las montañas) crearon un hombre y una mujer, Inkari y Collari: a Inkari le dieron una palanca de oro y le dijeron que fundara una ciudad en el punto en que la palanca cayera derecha al lanzarla. La primera vez que lanzó el instrumento aterrizó mal; la segunda vez cayó formando un ángulo, y allí construyó Inkari la ciudad de Quero. Encolerizados por su desobediencia, los Apus resucitaron a los hombres primordiales, que hicieron rodar rocas para matarlo. Inkari se escondió una temporada en la región del Titicaca y al regresar volvió a lanzar la palanca: cayó derecha, y en aquel punto fundó Cuzco. A continuación envió a su hijo mayor a Quero, para que lo poblase, y el resto de sus descendientes fueron los primeros incas. Viajó por toda la tierra con Collari, transmitiendo sus conocimientos a las gentes, y por último desapareció en la selva.
domingo, 15 de mayo de 2011
Antiguas religiones

Espíritus, sacrificios y viajes sagrados.
Las antiguas civilizaciones de Sudamérica presentaban rasgos comunes en su postura religiosa y sus creencias mitológicas desde las épocas más remotas. Se atribuía un significado sobrenatural a plantas, animales, ríos y montañas y aunque existían diferencias locales y regionales (como la importancia de los rituales con fuego de algunas culturas) estaban generalizados el culto a una deidad creadora suprema, la veneración a los antepasados y a los seres semidivinos, el sacrificio humano (sobre todo el corte de cabezas) y las peregrinaciones sagradas.
Estas antiguas civilizaciones expresaban sus creencias religiosas y míticas en los textiles, el oro, la plata, la cerámica y la piedra. En este sentido, una de las culturas más influyentes fue el chavín, con su centro en Chavín de Huantar, en los Andes (800-200 a. C.). Unos seres míticos dotados de colmillos presiden el sofisticado arte de chavín, que destacaba por imágenes como la del "dios sonriente" y el "dios del cayado". Los personajes sobrenaturales que aparecen en los objetos de esta cultura ejercieron una influencia duradera en numerosas civilizaciones posteriores y podrían considerase prototipos de otros seres míticos, como Ai apaec, la deidad con colmillos de los mochicas de la árida costa septentrional del Perú, y el dios lloroso tallado en un bloque macizo de lava de la Puerta del Sol, en el Centro ceremonial de Tiahuanaco. Construida h. 500, Tiahuanaco se encontraba en ruinas en la época de los incas, pero los mitos y culturas de las diversas tribus que cayeron bajo el dominio de este pueblo quedaron asimilados a sus creencias, y se suele equiparar al dios lloroso con Virachocha, el Creador, eje de la mitología inca.
Los viajes sagrados a montañas, fuentes y santuarios de los templos-pirámides revestían gran importancia en la época prehistórica y lo mismo ocurre en la actualidad. El centro de peregrinación antigua más célebre era el santuario de Pachamac, en la costa peruana, donde un clero especializado regulaba el culto de una deidad creadora y de la tierra cuyos devotos enriquecían el templo con oro, ofrecían sacrifícios humanos y animales y a cambio recibían predicciones del oráculo. Los habitantes de la costa consideraban a Pachamac: dios supremo, y ejercía tal influjo que cuando los incas conquistaron la región reconocieron su posición permitiendo que siguiera funcionando su santuario junto al templo de su propio dios sol, Inti.
sábado, 14 de mayo de 2011
Sudamérica

La civilización de la Sudamérica precolombina fue fundamentalmente un fenómeno andino. Si bien florecieron diversas culturas a lo largo de la cordillera, se concentraron en los Andes peruanos, la costa adyacente y el norte de Bolivia. En contraste, las sociedades tribales amerindias ocuparon todo el continente, desde las montañas hasta el extremo meridional de Tierra de Fuego, pasando por la Amazonia. Para los pueblos amerindios prehistóricos y también de épocas mas recientes, el entorno constituía el núcleo de las creencias espirituales: muchos mitos tratan sobre los dioses que crearon el impresionante paisaje andino y sobre los seres espirituales que habitaban en las montañas o las personificaban o que provocaban la lluvia y regían la fertilidad.
Esta concentración de las civilizaciones antiguas en la región media de los Andes se debe en parte a la geografía: una zona relativamente pequeña acoge los paisajes opuestos de la costa del Pacífico, las altas cumbres andinas y las selvas tropicales amazónicas, causa de la especialización económica y de los contactos comerciales. Los mitos y creencias de las sociedades de la Amazonía influyeron desde fecha muy temprana en sus vecinos de las montañas, más avanzados tecnológicamente, influencia que se manifestó sobre todo en el arte de las civilizaciones preincaicas, en el que se repite el tema de los animales y seres antropomorfos de las selvas tropicales.
A pesar de las diferencias, las civilizaciones andinas compartían numerosas características, como el culto a los antepasados y la creencia en un paisaje animado, así como una sofisticada aplicación del oro, la plata y los textiles, que poseían un significado religioso. Si bien ninguna cultura sudamericana creó un sistema de escritura, la riqueza de datos etnográficos sobre los pueblos amerindios modernos y la documentación historica sobre la cultura incaica nos proporcionan abundantes testimónios sobre los mitos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






