jueves, 29 de noviembre de 2012

África.

África alberga una gran variedad de culturas y más de mil lenguas, muchas de la cuales no están aún suficientemente estudiadas o documentadas.

Sin embargo, las mitologías africanas presentan una extraordinaria unidad: los mitos de la serpiente cósmica y de la gran torre, por ejemplo, se encuentran desde el Sahara hasta el Cabo, y también están muy extendidos el concepto de un dios creador asexuado y remoto y el motivo de los gemelos.

Cada sistema local de creencias de los indígenas africanos tiene un mito que cuenta los orígenes y los primeros pasos de la humanidad, reflejo de las grandes migraciones internas que constituyen una característica importante de la historia del continente hasta la época colonial. Los kiosan (término que abarca los koí u "botentotes" del suroeste de África y los san o "bosquimanos"del desierto de Kalahari), por ejemplo, parecen ser los restos de un pueblo que apareció en el antaño fértil Sahara antes de que la región se desertizara, hace unos 7.000 años. Hace unos dos milenios, los antepasados de los actuales pueblos de habla bantú empezaron a emigrar hacia el suroeste, desde la montañas del Camerún, y llegaron al Cabo en el siglo XVII. Las lenguas bantúes forman parte de la familia de Níger-Congo, con al menos 890 idiomas, Las migraciones, el algunos casos relativamente rápidas, y la propagación de las familias lingüísticas contribuyen a explicar los temas comunes que unen la mitología africana.

Con la propagación del islamismo y el cristianismo y el desarrollo económico moderno han declinado las religiones indígenas, pero muchos pueblos, como el yoruba, han conservado tenazmente sus creencias y mitos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Canibalismo y poder.

El canibalismo constituía un rasgo muy común extendido en la creencias amerindias y en Sudamérica existían diversas formas, bien documentadas históricamente. Estrechamente vinculado con las ideas de guerra, muerte y regeneración, el canibalismo guardaba menos relación con el alimento que los conceptos de identidad social, parentesco y transferencia de la esencia del alma de una persona a otra.

En el "exocanibalismo" se comía real o simbólicamente la carne de un enemigo como expresión de fuerza guerrera o como humillación y venganza extremas. Las tribus caníbales inspiraban gran temor, pues se creía que sus guerreros estaban poseídos por un feroz espíritu de jaguar que los movía a despedazar y devorar a su presa. En el "endocanibalismo" existía una motivación más respetuosa se reducía a polvo los huesos de un muerto y se añadía a la cerveza de mandioca, que bebían los familiares del difunto, pues se creía que los huesos conservaban elementos vitales del espíritu de la persona, que podían perpetuarse en vida de quienes consumían ritualmente al difunto.

martes, 27 de noviembre de 2012

Caza de cabezas y captura del alma.

Para algunas tribus amerindias, la caza de cabezas estaba cargada de significado sobrenatural y ritual. Entre los jibaros del Ecuador, que mantuvieron esta costumbre hasta los años 60, el privilejio de apoderarse de cabezas humanas estaba restringido a un grupo de guerreros temidos con fama de grandes matadores. En el pensamiento de este pueblo, matar y cortar cabezas eran dos actividades íntimamente asociadas con la posesión de dos clases de almas, la Arutam y la Muisak. Quien tenía la primera podía participar en las expediciones de caza de cabezas y la segunda estaba destinada a vengar la muerte de quien la poseía. Pero si se reducía la cabeza de un cadáver, el alma Muiska era irremediablemente arrastrada a ella e incapaz de escapar

lunes, 26 de noviembre de 2012

El mundo de los yanomami.

Los yanomami del sur de Venezuela han hecho todo lo posible por proteger sus creencias y modo de vida tradicionales frente a las influencias del mundo exterior.

Los yanomamis se autodenominan "pueblo fiero" y creen que la sangre de Periboriua (el Espíritu de la Luna) se derramó sobre la tierra, transformándose en hombres. Como nacieron de la sangre, se consideran fieros por naturaleza y guerrean continuamente entre si. Mas adelante uno de los descendientes de Periboriua dio a luz a los hombre y mujeres más dóciles. Según uno de los cuatro grupos yanomami, el origen de todas las cosas es Omama, benévolo dios creador. Al principio en el mundo había dos niveles, pero ahora hay tres: el tercero apareció cuando el nivel superior se desgastó y se desprendió de él una gran porción, en la que habitan dos hombres, uno de ellos Omama. Un día, mientras pescaba, Omama sacó de un arroyo a una mujer que no tenía genitales, sólo un orificio del tamaño del ano de un colibrí. Omama formó sus órganos sexuales con los dientes de una piraña y engendró a muchos hijos con ella, los antepasados de los yanomami. Otras razas se engendraron con la neblina o la espuma de los ríos, que un ave manipuló para formar hombres de distintos colores.

jueves, 22 de noviembre de 2012

La selva ancestral.

Mitos sobre los orígenes de los pueblos de las selvas.

Los mitos de los pueblos amerindios de las selvas explican en primer lugar los orígenes de la humanidad y la cultura, elementos opuestos en la naturaleza. Como objetivo subyacente, los mitos individuales tiene múltiples niveles y abarca diversos temas, como los orígenes de la horticultura, las relaciones entre parentesco de sangre y por lazos políticos y los conceptos de conocimiento e ignorancia.

El origen de los seres humanos es el tema de numerosos mitos en los que los animales, las piedras y el barro pueden desempeñar un papel igualmente importante. Según los chibcha de Colombia, el sol y la luna crearon al primer hombre con barro y a la primera mujer con cañas. Más al sur, las tribus de la región del Choco había una primera raza de hombres destruida por los dioses por ser caníbales, de una segunda generación que se transformó en animales y de una tercera hecha de barro. Muchos pueblos, como los uarao del Orinoco y los toba del Gran Chaco, creen que los seres humanos vivían en el cielo pero descendieron a la tierra para robar animales de caza, quedaron atrapados y tuvieron que permanecer aquí para siempre.

El carácter de la mitología amerindia, como una especie de carta sagrada que preserva el actual orden social, se pone especialmente de manifiesto en los mitos sobre las diferencias entre hombres y mujeres. Suele asociarse a las mujeres con la fertilidad natural, el caos y la ignorancia, y a los hombres con al fertilidad cultural , el orden y el conocimiento sagrado. Un mito muy extendido desde la Amazonia hasta la Tierra de Fuego, con numerosas variantes, explica que, en sus orígenes el mundo estaba dominado por las mujeres, no por los hombres. Según los tupis de Brasil, el sol se enfadó tanto por el dominio femenino que decidió invertir la situación y tomar por compañera a una mujer perfecta. En primer lugar, hizo que una virgen llamada Ceucy quedara encinta de la savia de un árbol cucura y que diera a luz un niño, Jurupari, que despojó a las mujeres de su poder y se lo entregó a los hombres a quienes ordenó que celebrasen fiestas regularmente para conmemorar su monopolio del conocimiento y el poder y prohibiesen la participación de las mujeres bajo pena de muerte. Como precedente de tal castigo, Jurupari preparó la muerte de su propia madre y aún sigue buscando a la mujer perfecta, digna de ser la esposa del sol.

En la cosmología del Amazonas aparecen con frecuencia temas relacionados con el fuego. Cuando aún no se había domesticado, se creía que el fuego poseían un enorme potencial destructivo, y algunos mitos hablan de regiones enteras y de comunidades arrasadas por los incendios. También se vincula con el sexo, el nacimiento y el ciclo menstrual. La adquisición del fuego suponía una etapa fundamental en la evolución social, y a veces se conseguía  mediante trampas, en cuyo caso conllevaba la pérdida de la inocencia.

Según los kayapos de Brasil, los seres humanos no tenían fuego y comían los vegetales crudos y calentaban la carne al sol, sobre piedras. Un día, un hombre y su cuñado, Botoque, más joven que él, vieron un nido de guacamayo en lo alto de un risco. Botoque subió por una escala y le tiró dos huevos a su compañero, pero los huevos se transformaron en piedras y le rompieron la mano al hombre, quien, muy enfadado, retiró la escala y dejó a Botoque en el risco.

Al cabo de unos días, Botoque vio un jaguar que llevaba arco y flechas y varias presas que había cazado. El felino saltó sobre la sombra del muchacho, pero al darse cuenta de su error , le prometió que no lo devolvería y que lo adoptaría como hijo y compañero de caza. Después volvió a colocar la escalera para que Botoque pudiera bajar.

A pesar de la hostilidad de su esposa, el jaguar llevó a Botoque a su casa, donde el muchacho vio fuego y comió carne cocinada por primera vez. Pero cuando el jaguar salió a cazar; su esposa se negó a darle a Botoque carne de tapir asada y desnudó los colmillos amenazadoramente, de modo que el muchacho se refugió en un árbol. Aunque el jaguar le riñó al volver a casa, ella no dejó de molestar a Botoque y finalmente el jaguar le enseñó a fabricar un arco y unas flechas para defenderse. Cuando la esposa volvió a amenazarlo, Botoque la mató con una flecha; cogió carne asada, sus armas y una brasa y regresó a su aldea.

Al ver los regalos de Botoque, los hombres de la aldea fueron a la casa del jaguar, donde robaron fuego, carne asada, hilos de algodón, arcos y flechas. El jaguar se encolerizó ante la ingratitud de su hijo adoptivo, y ahora come carne cruda y caza con sus garras y los colmillos, mientras que los hombres comen carne asada y cazan con arcos y flechas. Hoy puede verse el reflejo del fuego que perdió el jaguar en sus ojos como espejos. Según ciertas versiones del mito, mientras los hombres llevaban por la selva el fuego robado muchas aves recogieron las chispas para evitar que se incendiase la jungla. Algunas se quemaron, y por eso varias especies tienen el pico y las patas del color del fuego.

Según los barasana de Colombia, es Yurupary, o la Anaconda del Palo de Mandioca, la que obtiene el fuego de los infiernos y mata con él a su hermano el guacamayo.

Cuando la anaconda se quema y muere, sus huesos se transforman en los troncos carbonizados del huerto de la mandioca, en el que crecen las primeras plantas cultivadas que se nutren de su cuerpo.


martes, 20 de noviembre de 2012

Chamanes de Sudamérica.

En la visión de universo de las sociedades de las selvas tropicales, todo lo que ocurre tiene una causa o consecuencia relacionadas con el mundo de los espíritus. Estos espíritus todopoderosos son peligrosamente ambiciosos, y el chamán desempeña un papel clave como intermediario con el mundo sobrenatural.


En virtud de su capacidad para convencer a los espíritus peligrosos en igualdad de términos, el chamán actúa como hechicero, curandero, adivino, juez y mantenedor del código moral. Con frecuencia realiza sus actividades espirituales en sesiones nocturnas. Los chamanes que se identifican con un jaguar o que se transforma en este animal, el predador más poderoso y de mayor tamaño de Sudamérica son los más temidos y respetados. Se visten con pieles de jaguar, llevan collares de colmillos de este felino e incluso rugen como él en las ceremonias en las que adivina el futuro, curan enfermedades mágicas, aseguran una buena caza o actúan como "guerreros sobrenaturales" enviando muerte y enfermedades a las aldeas enemigas.

Las alucinaciones, como las producidas por la ayahuasca o el vihoo, constituyen la ventana por la que el chamán se asoma al mundo de los espíritus, que le permiten ver y comprender la verdadera naturaleza de las cosas, explican los acontecimientos y sugerir formas de actuar. En las regiones al noroeste del Amazonas solía llamarse a las drogas empleadas en las ceremonias droga o esperma de jaguar, y en algunos casos se guardaban en huesos huecos de este animal.

La búsqueda visionaria del chamán está imbuida de significado mitológico, representación de las actividades primordiales de los espíritus de los antepasados. En algunas sociedades los poderes del chamán continúan ejerciéndose después de la muerte y sigue protegiendo a su comunidad contra los espíritus malignos o los chamanes de otras aldeas.

En muchos casos se cree que el alma del chamán muerto se transforma en su alter ego, el jaguar, y despierta gran temor, en la creencia de que, cuando se ve uno de estos felinos por la noche junto a una aldea o un cementerio se trata de la esencia transformada del chamán difunto

sábado, 17 de noviembre de 2012

Mundos espirituales

El universo transformado.

Las vastas extensiones de la cuenca amazónica acogen una extraordinaria variedad de sociedades amerindias que, si bien con una tecnología sencilla, poseen unos sistemas sociales, económicos, rituales y místicos que demuestran una profunda comprensión de su entorno, además de ofrecer explicaciones muy sofisticadas sobre la humanidad y su modo de vida. Aunque todas dependan de la caza, la recolección, la pesca y la horticultura, estas sociedades no tienen creencias ni deidades en común, pero sus mitos locales demuestran una unidad y coherencia subyacentes, pues la mitología de un grupo parece haber evolucionado a partir de la de otro grupo, a modo de ilustración de unas preocupaciones comunes tratadas con una lógica también común.

Para la mente occidental, el universo amerindio es un mundo "mágico" definido en parte por los actos caprichosos de espíritus poderosos y ambivalentes y en parte por las actividades del chamán, que ejerce el papel de interceder entre ellos y la sociedad en la que vive. En esta concepción del universo, en las que las personas se transforman en animales y viceversa, las fronteras entre los humanos y los animales, lo natural y lo sobrenatural no son permeables, sino que están sujetas a una continua reinterpretacion.

Los mitos amerindios reflejan un mundo de transformaciones en el que la vida es el resultado de una mezcla de categorías de seres recíprocamente hostiles y peligrosos: hombres y mujeres, familiares por consanguinidad y parientes políticos, jaguares y seres humanos. En tiempos primitivos, el origen del mundo estaba invertido y eran los hombres quienes menstruaban y los jaguares los que poseían el fuego y cazaban con arcos y flechas. Los mitos cuentan cómo cambiaron estas primeras relaciones y cómo se estableció el orden actual. Para logra la supervivencia de la sociedad y evitar el desorden y, en última instancia, la catástrofe, hubo que aceptar las normas de conducta social y la obediencia ritual, tal y como fueron establecidas por los antepasados míticos.

Las casas ceremoniales de los habitantes de las selvas tropicales poseen una estructura con un profundo simbolismo: muchas están concebidas como microcosmos de los universos sociales y cósmicos de las tribus. Las rotondas de los yekuanas de Venezuela, por ejemplo, imitan la estructura primordial construida por una encarnación del dios del sol, Uanadi. Los detalles arquitectónicos reflejan rasgos de la esfera celeste y de la geografía mítica. El poste central (coronado por un pájaro carpintero de cresta carmesí, forma animal de la encarnación de Uanadi) vincula simbólicamente el inframundo de las almas perdidas con la tierra intermedia de los hombres y a cúpula de los cielos; las dos vigas transversales están orientadas hacia el norte y el sur para reflejar la aparición de la Vía Láctea en el cielo nocturno, y la entrada principal hacia el este, permitiendo que el sol equinoccial ascendente ilumine el poste central.