jueves, 31 de mayo de 2012

Mitos y dioses de Irlanda.

El ciclo mitológico.

El relato central del cuerpo de mitos irlandeses denominado por los especialistas como Ciclo Mitológico narra la Primero y Segunda Batalla de Magh Tuiredh (Moytirra). El mito trata sobre el enfrentamiento entre dos ejércitos de seres sobrenaturales y el establecimiento del órden cósmico y social.

El telón de fondo viene dado por el relato sobre cinco pueblos que invaden sucesivamente el país. En primer lugar aparece Cessair, hijo de Bith, hijo de Noé, cuarenta días antes del Diluvio. Perecen todos sus compañeros, salvo Fintan mac Bóchra, quien vive otros 5.500 años en forma de salmón, águila y halcón y actua como testigo de los subsiguientes acontecimientos.

La segunda invasión, 300 años después del Diluvio, corre a cargo de Partalón, descendiente de Jafet, hijo de Noé. Su pueblo establece un modo de vida ordenado: limpian y hacen habitables cuatro llanuras, descubren el ganado, construyen casas y elaboran cerveza. Los enemigos de esta raza son los formorianos, descendientes de otro hijo de Noé, Cam, a quien su padre maldijo. A consecuencia de dicha maldición, son seres monstruosos, de un sólo brazo y una sola pierna. Partalón y sus gentes son destruidos por la peste, no por sus enemigos, y sólo queda un superviviente, Tuan mac Sdairn.

Treinta años después de la invasión de Partalón aparece Nemhedh, cuyos descendientes son atacados con el paso del tiempo por los fomorianos en la isla que les sirve de fortaleza. La mayoría muere en el intento, pero quienes sobreviven a la batalla (treinta hombres) abandonan Irlanda y se dispersan: unos van a Gran Bretaña, las "islas septentrionales del mundo", y otros a Grecia.

Las dos siguientes invasiones están encabezadas por descendientes de Nemhedh. De quienes han sido reducidos a la esclavitud en Grecia proceden los FirBholg, los "Hombres de Bolsas o Sacos", nombre que reciben porque durante su exilio en Grecia los obligaron a dejar arable la tierra cubriendo las rocas con arena que llevaban en sacos. Tienen cinco jefes y dividen la tierra en cinco provincias, de donde deriva la división de Irlanda en Ulster, Leinster, Connacht, Munster y Meath, como centro. Dominan el país durante treinta y siete años e instituyen la monarquía. El último de sus reyes, Eochaidh mac Eirc, es el prototipo del buen monarca, que inicia una larga tradición en la que la fertilidad y justicia están vinculadas. En su reinado no llueve, tan sólo cae rocío, no hay ningún año sin cosecha y la falsedad es erradicada de Irlanda.

La quinta invasión corresponde a los Tuatha Dé Dannan, descendientes del pueblo que se autoexilia a las "islas septentrionales del mundo". Su llegada desencadena la Primera batalla de Magh Tuiredh, librada contra los Fir Bholg, en la que éstos son derrotados. Durante su estancia en las "islas septentrionales" los Tuathe Dé aprenden las artes de los druidas, la ciencia popular y los conocimientos demoníacos y llevan a Irlanda cuatro talismanes: La Piedra de Fál, que chilla cuando se sienta sobre ella un rey legítimo; la lanza de Lugh, que garantiza la victoria a quien la empuña; la espada de Nuadhu, de la que nadie puede librarse cuando se la saca de su vaina, y la Caldera del Daghdha.

La Primera Batalla, Sreng, un guerrero de los Fir Bholg, le corta el brazo derecho a la altura del hombro al jefe de los Tuatha Dé Dannan, Nuadhu, ocupa la jefetura y firma la paz con los Tuatha Dé, concediéndoles toda Irlanda excepto Connacht, que ocupa su propio pueblo, pero Nuadhu pierde el trono, porque un hombre con un defecto físico no puede reinar, y Bres ocupa su lugar.

Al poco tiempo Bres empieza a oprimir a su pueblo e incluso el Daghdha se ve reducido a escavar y construir una fortaleza para el monarca, Goirbre, un poeta, satiriza a Bres, quien se ve obligado a renunciar al trono y empieza a reunir un ejército de formorianos para luchar contra los Tuatha Dé. Mientras tant, el médico Dian Cécht fabrica un brazo de plata para Nuadhu, que recupera la corona pero abdica después en favor de Lugh, un forastero que impresiona a la corte de Tara con su destreza en todas las artes. Lugh sale victorioso de la Segunda Batalla y empuja a los formorianos al mar. Le perdona la vida a Bres, cuyo comportamiento ha desencadenado el conflicto, a cambio de que revele los secretos de la prosperidad agrícola, y el gran mito termina con dos profecías de Morrighan, diosa de la guerra, después de la batalla, una sobre el orden cósmico y la prosperidad y otra sobre el caos y el fin del mundo.

En la cosmología de La conquista de Irlanda, todas las invasiones preceden a la llegada de los gaélicos, los hijos de Míl. El hombre completo, Míl Espaine, es sencillamente un préstamo del latín miles Hispaniae, "soldado de Hispania" (se cree que Hibernia, término latino para designar a Irlanda, deriva del Iberia, o España). Los Hijos de Míl desembarcan en el suroeste de Irlanda en la fiesta de Beltane (1º de mayo) y vencen en combate a los Tuatha Dé Dannan. Después se dirigen hacia Tara e infligen la derrota final. A continuación, el poeta Amhairghin divide Irlanda en dos y adjudica la mitad subterránea del país a los Tuatha Dé Dannan, que se exilian a las montañas y regiones de las hadas.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Cernunnos, el dios con cuernos.

Cernunnos, "el Cornudo" es un nombre que se aplica a diversas imágenes de un dios con cuernos. El Señor de los Animales (domésticos y salvajes), dador de la fruta, el grano o el dinero, dios de la fertilidad y la abundancia. Se le ha equiparado con Dis Pater, dios de los muertos, y casi con toda certeza es anterior a sus representaciones célticas.


Por lo general, los cuernos simbolizan agresividad y virilidad. En un cuento popular gaélico, unos viajeros comen una manzanas que encuentran en una isla misteriosa e inmediatamente les salen cuernos. Según una leyenda histórica escocesa, a los guerreros que se preparan para el combate les nacen repentinamente estos apéndices.

La primera representación de Cernunnos que se conoce es un grabado sobre roca del siglo IV a.C. hallado en el norte de Italia, en el que aparece un dios cornudo con una tira retorcida de metal precioso conocida como torques en ambos brazos, atributo común a las figuras divinas, que normalmente llevaban en el cuello. Lo acompañan una serpiente con cabeza de carnero y una figurilla con el pene erecto.

El nombre de Cernunnos solo se ha encontrado en una ocasión, en un relieve dedicado por unos marineros de principios del siglo I. El dios tiene orejas de ciervo y de cada cuerna cuelga un troques.

En muchos casos se le representa acompañado de animales, a veces de un toro. En un relieve de Reims aparece sentado como un Buda, flanqueado por Mercurio y Apolo, y a sus pies tiene un ciervo y un toro, animales que comen de un gran saco de cuya abertura sale algo que parece grano. En otras representaciones galas aparece el dios cornudo sentado y entrelazado con dos serpientes con cabeza de carnero que comen de un montón de fruta que tiene en el regazo.

Tengo que destacar dos representaciones británicas. Un relieve en piedra del suroeste de Inglaterra muestra al dios con las piernas formadas por dos grandes serpientes con cabeza de carnero encaramadas sobre unas bolsas de dinero abiertas a ambos lados del dios. En una moneda de plata del sureste de Inglaterra fechada h 20 aparece la deidad con una rueda entre los cuernos. Como la rueda es un símbolo solar, esta imagen quizás represente la fertilidad y el renacer de la tierra en primavera.

La asociación con la serpiente tiene connotaciones interesantes, ya que este animal es un símbolo muy extendido de fertilidad y renacimiento, vinculado con los infiernos. En la tradición gaélica, reaparece el día de Santa Brígida, señalando el regreso de la primavera. Por tanto, la serpiente con cabeza de carnero vinculada a Cernunnos tiene un simbolismo doble, de virilidad y renovación.

lunes, 28 de mayo de 2012

El panteón Celta.

Miscelánea de dioses.


Los druidas, la casta sacerdotal celta, pensaban que todos descendían del dios dios de los muertos, en irlandés  Donn, "el Oscuro", pero el título de "Gran Padre" se reserva en este idioma para el Daghdha, "el Buen Dios", protector de la abundancia y la fertilidad. La consorte de Sucellos, "el Gran Golpeador", es Namtosvelta, diosa de un río.

Cesar denomina "Minerva" a la protectora gala de las aves y las técnicas, y salta a la vista que su equivalente irlandesa es Brighid, hija de Daghdha. Algunos autores contemporáneos identifican a Oenghus, hijo del  Daghdha, con el dios del amor, debido en parte al papel que desempeña al ayudar a los amantes Diarmaid y Gráinne.

El irlandés Nuadhu Airgedlámh (el equivalente galés es Nudd Llaw Eireine) es una de las figuras más destacadas del llamando Ciclo Mitológico. Dios-antepasado y rey de su pueblo, pierde un brazo en la batalla contra los invasores y lo sustituye por otro de plata, su epíteto significa "el Brazo o (Mano) de plata".

El galo Taranis es "el Tronador", equiparado con Júpiter por los romanos, y está muy extendido, pero no se lo encuentra en Irlanda.

Ogmios, vinculado en la Galai con la elocuencia, podría estar relacionado con el dios irlandés Oghma, supuesto inventor del alfabeto Oghma, a base de muescas y rayas grabadas sobre piedra o madera.

Se conocen pocas deidades de la tradición narrativa irlandesa con funciones claramente definitivas. Dian Cécht es el Medico Divino, que cantaba sus conjuros sobre un pozo al que se lanzaba a quienes habían recibido una herida mortal y del que salían curados. Goibhniu es la figura principal de una tríada de dioses-artesanos formada también por Luchta y Creidhne, además de anfitrión de la Fiesta del Otro Mundo, en la que quienes tomaban una bebida embriagadora obtenían la inmortalidad. Manannín está vinculado con el océano y la travesía al Otro Mundo, lugar de regocijo, y Mapono, venerado en la Galia y Británia y equiparado con Apolo, es el Joven Divnino, el equivalente del irlandés Oengus.

domingo, 27 de mayo de 2012

El mundo Celta.

"Céltico" es esencialmente un término lingüístico, y las regiones célticas son las áreas de Europa y Asia Menor en las que se han hablado lenguas célticas en diversas épocas, desde Irlanda al oeste Turquía al este.

Por desgracia, no existe un sistema único de mitología pancéltica. Hay ciertas similitudes entre las deidades galas consignadas por los romanos y los dioses de las literaturas "insulares" (es decir, las de las islas Británicas e Irlanda), pero estas correspondencias rara vez son sencillas y carentes de toda ambigüedad.

En realidad, la interpretación romana de los cultos célticos arroja más oscuridad que luz sobre el tema. Cuando Julio César presenta un panteón galo con supuestas precisión y claridad clásica, lo que hace es reducir una multiplicidad de deidades a una uniformidad derivada de prejuicios romanos, además de asignar nombres latinos a los dioses galos.

Cabe la posibilidad de que los celtas del continente rindieran culto a deidades locales, tribales. Cuando en una inscripción gala aparece el nombre de un dios romano, en algunos casos podrían referirse a una deidad local equiparada a un dios romano y en otros a una deidad pancéltica con nombre romano.

Según César, el mayor de los dioses célticos es el que él denominaba Mercurio, casi con toda certeza Lugus, el irlandés Lugh. En opinión de la mayoría de los expertos, "Lugus" significa "el Brillante", y se adoraba al sol como dador de vida y protector de la fertilidad y la curación, con la rueda como símbolo.

Como no se han conservado mitos célticos del continente en forma de narraciones, los relatos insulares revisten una importancia especial como fuente de la tradición mitológica. Sin embargo, existen dudas sobre su exactitud. En galés, se ha demostrado que algunos relatos de la colección medieval Mabinogion están basados en cuentos populares del mundo entero, muy conocidos, y por consiguiente, no pueden tomarse como mitos con plena confianza. No cabe duda de que las primitivas sagas irlandesas recurren, a elementos arcaicos, pero en la actualidad se consideran ficciones literarias características de la primera civilización cristiana de Europa.

sábado, 26 de mayo de 2012

Mitos de la historia de Roma.

Resulta difícil definir con precisión los límites entre la historia temprana y la mitología romana. Al igual que ocurre con los relatos británicos sobre el rey Arturo o el rey Alfredo, los elementos reales se entretejen con los legendarios. Muchos de los relatos que los escritores romanos trataron como "historia" se considerarían en la actualidad como "mitos", y contienen muchos de los temas que se encuentran en las mitologías del mundo entero. En estos relatos destaca el papel de las mujeres, su castidad o sus traiciones.


En el transcurso del conflicto entre romanos y sabinos que siguió al rapto de las sabinas, una romana de nombre Tarpeya, hija del comandante al cargo del Capitolio, intentó traicionar al la ciudad. Al ver a Tito Tacio en el campamento enemigo se enamoró de él y accedió a dejarle entrar en la ciudad a cambio de que se casara con ella. Según otra versión, la motivó la codicia: deseaba los brazaletes de oro de las sabinas y pidió "lo que llevaban las sabinas en el brazo izquierdo". Tito Tacio traspasó las defensas de Roma con su ayuda, pero se negó a recompensarla por su traición y Tarpeya murió aplastada por los sabinos, que, efectivamente, le arrojaron, "lo que llevaban en el brazo izquierdo": escudos, no brazaletes. Se dio su nombre a una roca de la colina Capitolina, la "Roca Tarpeya", desde la que se arrojaba a los traidores y asesinos condenados a muerte.

El último rey de Roma, Tarquino el Soberbio, fue depuesto por la virtud de una romana, Lucrecia. El hijo del rey quería acostarse con ella, a pesar de que estaba casada y de que era sobradamente conocida su inquebrantable fidelidad. Fue a su casa mientras el marido luchaba en la guerra y la mujer lo recibió hospitalariamente; pero después él la sujetó, espada en mano, y le rogó que hicieran el amor. Lucrecia lo rechazó y el joven ideó una forma irresistible de chantaje: la amenazó con matarla, pero no sólo a ella, sino a uno de sus esclavos y dejar sus cuerpos juntos, para que pareciera que una dama de la nobleza había sido sorprendida en pleno adulterio con un sirviente. Ante el inminente escándalo, Lucrecia cedió, pero una vez que el violador se hubo marchado, llamó a su padre y a su marido y les contó lo ocurrido. A pesar de los ruegos de los dos hombres, quienes le aseguraron que era inocente, Lucrecia se suicidó.

En venganza, sus familiares se rebelaron contra el rey, que huyó a la cercana ciudad de Caere. La monarquía fue derrocada y el marido de Lucrecia fue uno de los primeros magistrados (los cónsules) del gobierno "republicano libre" que se estableció en su lugar. La violación de Lucrecia sirvió como mito de fundación de la nueva república, y a partir de entonces se adoptó una actitud hostil en Roma hacia el título de "rey".

Mas adelante, el rey Clusio, en una tentativa de restaurar a Tarquino en el trono, sitió la ciudad de Roma, pero, según la leyenda, fue derrotado por el heroísmo de Horacio Cocles, quien con dos hombres rechazó al enemigo cuando se aproximaba al puente del Tiber.

viernes, 25 de mayo de 2012

Rómulo y los reyes de Roma.

La loba y los mitos del pasado.


El nombre de la ciudad de Roma deriva de Rómulo, su legendario fundador. Él y su hermano gemelo Remo eran hijos de Rea Silvia, una mujer de linaje real de Alba Longa y del dios Marte, que la sedujo en una gruta sagrada en la que Rea buscaba agua. Cuando el tío de ésta, Amulio, observó su misteriosa preñez, la encarceló, y en cuanto nacieron los niños la obligó a que los abandonara a orillas del Tiber para que muriesen.

Encontró a los gemelos una loba, que los amamantó hasta que los descubrió un pastor, Fáustulo, que los crió como a sus propios hijos. Al crecer, Rómulo y Remo se dedicaron al robo, y en una ocasión atacaron a unos pastores de Amulio que apacentaban sus rebaños en la colina Aventina (parte de la futura Roma). Capturaron a Remo y lo llevaron ante Amulio, y Fáustulo eligió aquel momento para explicarle a Rómulo las circunstancias de su nacimiento (según ciertas versión, había presenciado el abandono). Tras oír la historia, Rómulo fue a rescatar a Remo, asesinó a Amulio y asignó el trono vacante de Alba Longa a su abuelo, Numitor.

Rómulo y Remo decidieron fundar su propia ciudad en el lugar en el que los había recogido la loba, pero entre ambos surgió una disputa sobre la localización exacta, Rómulo, que había recibido una señal de los dioses, empezó a marcar los límites en el punto elegido, en la colina Palatina, pero Remo saltó sobre el foso (el pomerium original) como para demostrar la debilidad de sus defensas. Al ver semejante sacrilegio, Rómulo lo mató y pasó a ser el único rey de la nueva ciudad.

Su problema más inmediato radicaba en la mano de obra: tenía que poblar Roma. Para ello estableció un refugio en el que podían residir delincuentes y proscritos de toda Italia en calidad de primeros ciudadanos, y para encontrar suficientes mujeres recurrió a una estratagema. Invitó a las gentes de los alrededores -las tribus sabinas- a celebrar una fiesta religiosa conjunta y en mitad de los actos dio una señal a sus hombres para que raptasen a las mujeres en edad de contraer matrimonio.

En respuesta, Tito Tacio, rey de los sabinos, reunió a su ejército e invadió el territorio romano. Tras diversos enfrentamientos, en el trascurso de los cuales los sabinos penetraron las defensas romanas de la colina Capitolina, las sabinas, ya esposas romanas, decidieron intervenir y rogaron a sus padres y maridos que cesaran las hostilidades. Se hizo la paz y los dos pueblos se unieron, Tito Tacio reinó conjuntamente con Rómulo hasta su muerte, acaecida poco después de la guerra. A continuación, Rómulo quedó al frente de toda la comunidad y reinó treinta y tres años más, en calidad de primer rey de Roma.

jueves, 24 de mayo de 2012

Eneas y Dido.

En el transcurso de su viaje por el Mediterráneo, antes de arribar a Italia, Eneas desembarca en Cartago, al norte de África, y allí, según Virgilio, se enamora de la reina Dido.

Dido era fenicia de nacimiento, de la ciudad de Tiro. Obligada a huir de su patria tras el asesinato de su esposo, estaba terminando de construir una nueva ciudad en Cartago cuando Eneas y sus hombres fueron arrastrados hasta la playa próxima. Los recibió generosamente y casi de inmediato se enamoró del troyano. Alentada por su hermana, Ana, empezó a aceptar su deseo por el extranjero y a esperar que la pidiera en matrimonio.

Un día, cuando Eneas y ella estaban de caza, se desencadenó una tormenta y ambos se refugiaron a solas en una cueva. Hicieron el amor mientras rugía la tempestad y a partir de entonces vivieron juntos como marido y mujer y Eneas actuó casi como si fuera el rey de Cartago.

Cuando llegó el mensajero de los dioses a recordarle a Eneas su deber, fundar una nueva Troya en Italia, el troyano decidió abandonar a su amada y continuar su viaje. Dido descubrió enseguida sus intenciones y le recriminó su traición. Aunque profundamente afligido, Eneas sólo pudo argumentar que los dioses le obligaban a marchar y rogarle que no hiciera su partida aún más dolorosa.

Desesperada, Dido resolvió suicidarse. Erigió una enorme pira funeraria, simulando que estaba destinado a un rito mágico para recuperar a Eneas o al menos para curarse de su amor. Tras una noche de insomnio, vio que el barco de Eneas ya había levado anclas. Maldiciéndole y rogando por la eterna enemistad entre Cartago y los descendientes del troyano, subió a la pira, cogió la espada de su amante y se infligió una herida mortal.

Eneas no escapó por completo de Dido. En su viaje a los infiernos, vio al fantasma de la reina e intentó una vez más justificar su conducta, pero Dido se negó a hablarle y volvió con el fantasma de su marido.

La leyenda de Dido y Eneas presenta estrechos vínculos con la historia política y militar de Roma: el ruego de la reina por la enemistad entre Roma y Cartago proporcionó una justificación mitológica para la guerra entre ambas ciudades durante el mandato de Anibal (218-201 a.C.)