lunes, 30 de enero de 2012

Izanagi e Izanami.

La pareja primordial.

En los inicios, cuando la tierra era joven y no estaba completamente formada (el Kojiki dice que "parecía aceite flotante e iba a la deriva, como una medusa"), cobraron vida tres dioses invisibles en lo que los japoneses denominan Takamagahara, o las "Elevadas Llanuras del Cielo". El mayor se llamaba Amanominakamushi-no-Kami, o "Señor del Centro del Cielo, e iba seguido por Takamimusubi y Kamimusubi, ambos poderosos Kami por derecho propio. Los tres, junto con dos divinidades menores (Umashiashikahikoji-no-Kami y Amanotokotachi-no-Kami), constituían las cinco "Deidades Celestiales Separadas" primordiales. Les siguieron otras siete generaciones de dioses y diosas "celestiales", que culminaron en la pareja primordial, Izanagi y su hermana y esposa Izanami, cuyos nombres completos eran Izanagi-no-Mikoto ("El Varón Augusto") e Izanami-no-Mikoto ("La Mujer Augusta").

Obedeciendo la orden de las deidades de "terminar y solidificar esta tierra movediza", Izanagi e Izanami se situaron en el Puente Flotante del Cielo (quizá un arco iris) y agitaron el mar con una lanza recubierta de gemas. Al levantar la lanza, las gotas formaron una isla llamada Onogoro, la primera tierra sólida. Poco después descendieron a ella, erigieron una columna "celestial", construyeron un palacio y decidieron procrear. Izanagi le preguntó a su hermana cómo estaba formado su cuerpo, y ella le contestó que le faltaba una parte, mientras que Izanagi dijo que a él le sobraba una parte y sugirió que las uniesen. La pareja divina inventó un ritual matrimonial que consistía en que ambos rodearan la columna celestial, Izanagi por la izquierda y su hermana por la derecha, y al encontrarse intercambiaban cumplidos y mantenían relaciones sexuales.

Al cabo del tiempo Izanami dio a luz, pero su primogénito fue el deforme Hiruko "Niño-Sanguijuela", a quien la desgraciada pareja metió en una barca de juncos que confió al mar. En una "gran adivinación", los dioses llegaron a la conclusión de que el nacimiento del niño-sanguijuela era culpa de Izanami, porque en el ritual de cortejo había hablado la primera. Con este conocimiento (que ha servido hasta el día de hoy para legitimar las desigualdades sexuales en el Japón), la pareja regresó a Onogoro y volvió a poner en práctica el ritual. En esta ocasión Izanagi habló el primero cuando ambos se encontraron en la columna, e Izanami tuvo muchos hijos. En primer lugar dio a luz una serie de islas (el archipiélago japonés), después a una serie de dioses y diosas, entre ellos los del viento, las montañas y los árboles, pero cuando nació Kagutsuchi (o Homosubi), el dios del Fuego, sus genitales se quemaron de tal manera que enfermó y murió. Sin embargo, Izanami siguió engendrando deidades en plena agonía. Izanagi lloró su muerte, inconsolable, y de sus lágrimas surgieron más deidades. Más adelante, su tristeza se convirtió en cólera y decapitó al dios del Fuego por ser el culpable de la muerte de su amada esposa. De los restos del dios del Fuego nacieron más divinidades.

Izanagi decidió ir a Yomi, el reino subterráneo de los muertos, para intentar devolver la vida a Izanami. Cuando ésta apareció en la entrada de Yomi, con su sudario de sombras, Izanagi la saludó con cariño y le rogó que volviera con él, Izanami accedió a discutir su petición con los dioses del inframundo y antes de retirarse a la oscuridad pidió a su marido que no la mirase, pero a Izanagi le consumía un deseo tan ardiente de ver a su amada esposa que rompió un diente de la peineta que llevaba en el moño izquierdo y le prendió fuego, a modo de antorcha. Entró en la tierra de los muertos y vio que Izanami era un cadáver putrefacto, cubierto de gusanos. Aterrorizado, huyó de aquel lugar, pero Izanami, encolerizada al ver que Izanagi había contrariado sus deseos, envió en su busca a las "brujas de Yomi", a las ocho deidades del trueno y a una horda de guerreros. Al llegar al paso de Yomi, que llevaba a la tierra de los vivos, Izanagi encontró tres melocotones y se los arrojó a sus perseguidores, obligándoles a retroceder. Izanami, convertida en un ser demoníaco, se unió a la persecución pero antes de que diera alcance a Izanagi, éste cerró el paso con una enormes rocas. Los dos se vieron frente a frente, a ambos lados de la roca, y "rompieron su compromiso".

Izanagi se sentía sucio por su experiencia en Yomi y decidió purificarse de una forma típicamente japonesa:con un baño. Al llegar a un arroyo de Hyuga (al noroeste de Hyushu) se desnudó. De sus ropas nacieron varios dioses y diosas y surgieron otras mientras se bañaba. Por último, Izanagi dio a luz a las tres deidades más importantes del sintoísmo: La diosa del sol, Amaterasu-no-mikoto (literalmente "Augusta Persona que Hace Brillar el Cielo" apareció cuando se lavó el ojo izquierdo; Tsuki-Yomi-no-mikoto ("La Augusta Luna") apreció de su ojo derecho, y Susano-no-mikoto ("El Augusto Varón Colérico"), de su nariz. Izanagi decidió dividir el reino entre sus tres hijos:le dio su sagrado collar, símbolo de soberanía, a Amaterasu, con el mandato de que gobernase las Elevadas Llanuras del Cielo; A Tsuki-Yomi, dios de la luna (en la mitología japonesa la luna se considera masculina), le confió los reinos de la noche y al otro hijo, Susano, el océano.

Amaterasu y Tsuki-Yomi aceptaron sus tareas obedientemente, pero Susano se puso a llorar y aullar. Izanagi le preguntó la causa de su aflicción y Susano contestó que no quería gobernar las aguas sino ir a la tierra en la que vivía su madre, Izanami. Encolerizado, Izanagi desterró a Susano y a continuación se retiró, tras haber terminado su misión divina. Según una versión del mito, subió al cielo, donde vive en el "Palacio más Joven del Sol". Se dice que está encerrado en Taga (prefectura de Shiga, Honshu).

domingo, 29 de enero de 2012

Japón

Introducción.


Situado frente a la costa nororiental del continente euroasiático, del que lo separa el estrecho de Tsushima, el Japón está en el este de Asia pero en realidad no es de Asia. Su historia, en el sentido estricto de una tradición histórica culta, comenzó en época tardía según los patrones occidentales: convencionalmente, se fecha en el año 552, cuando el rey del reino coreano de Paekche (cerca de la actual Pusan) envió unos misioneros budistas al emperador del Japón en un gesto de buena voluntad. En aquella época, la principal institución japonesa era el uji o clan. Cada uji controlaba su propio territorio y estaba formado por plebeyos y aristócratas, y casi con toda certeza tenía su propia mitología, que se centraba en un antepasado divino.

Al principio del siglo VI, uno de estos clanes (a los que en algunos casos se denomina Yamato, de la región del Honshu central que aún lleva este nombre) impuso su hegemonía sobre los demás y, por extensión, también sus antepasados divinos. La familia imperial, cuya línea se ha proclamado hasta la época actual, se convirtió en foco de la mitología japonesa.

La religión nativa del Japón, el sintoísmo, se basa en la adoración a múltiples dioses, espíritus y objetos de veneración. Su mitología gira en torno a narraciones sobre Amaterasu, diosa del sol y las peripecias de sus descendientes, que unificaron al pueblo japones. Con la llegada del budismo se inició una época de préstamos culturales, en principio de Corea y después de China, la "civilización madre" del este de Asia. El budismo se mezcló con el sintoísmo de una forma muy compleja, pero a partir del siglo XVII se produjo un fuerte renacer de la religión nativa, que culminó con la adopción del sintoísmo como religión estatal con el gobierno Meiji (1868-1912)

sábado, 28 de enero de 2012

La quema del libro amarillo.

En las creencias religiosas mongoles las ovejas revisten especial importancia. Al final del año se ofrece el esternón de uno de estos animales al dios del fuego que mantiene la fertilidad en los rebaños. Los chamanes saben que la clavícula de una oveja puede pronosticar con toda exactitud y que este poder deriva de la quema del libro amarillo.


El libro amarillo de la adivinación pertenecía a un rey y sus páginas invariablemente le descubrían al culpable de cualquier delito. El rey tenía una hija muy bella a la que mantenía oculta y sus criados sabían que si revelaban la identidad de la muchacha a un desconocido les descubriría el libro amarillo y sería castigados. Para confundir al libro, Tevne cavó un profundo agujero en el suelo, en el que logró introducir a una criada de la princesa. Encima encendió una hoguera y colocó una cacerola con agua. Cogió un trozo de tubo de hierro, envolvió un extremo con algodón y atravesó con él la cacerola para poder hablar con la mujer que estaba en el agujero, a quien le preguntó cómo podía reconocer a la princesa y a continuación la dejó libre. Cuando reconoció a la princesa entre varias muchachas parecidas, con vestidos similares, el rey se enfadó, pero se vio obligado a concederle la mano. Al consultar el libro, se enteró de quien había dado la información era un hombre con el trasero de tierra, cuerpo de fuego, pulmones de agua y u tubo de hierro por cuerdas vocales. Incapaz de resolver el acertijo, perdió confianza en el libro y lo quemó. Las ovejas chuparon las cenizas y adquirieron poderes de adivinación.

jueves, 26 de enero de 2012

El chamanismo Mongol

Encuentros con el reino espiritual.

El cosmos del chamán mongol tiene una estructura vertical: un eterno cielo azul arriba y la madre tierra abajo. El padre de los cielos gobierna noventa y nueve reinos (tngri), cincuenta y cinco de los cuales se encuentran en occidente y cuarenta y cuatro en oriente. Los demonios de la madre tierra están formados por setenta y siete tngri. Todos los reinos están interrelacionados y sometidos por una red de vida en la que todo ser vivo, de arriba y de abajo, desempeña un papel. El conjunto tiene la forma de un árbol cósmico con ramas que se extienden en todos los niveles, con orificios entre las capas por los que puede ascender el chamán.

Entre los primeros chamanes de la antigüedad había un joven de quince años llamado Tarvaa que se cayó, se desmayó y lo dieron por muerto. Asqueado por el apresuramiento con el que su familia sacó el cuerpo de la casa, el alma de Tarvaa voló al reino de los espíritus, donde le abordó el juez de los muertos y le preguntó por qué había llegado tan pronto. Complacido con el valor del muchacho, que había ido a un lugar jamás alcanzado por hombre vivo, el señor de los muertos le ofreció un regalo que él mismo escogiese para llevarlo al mundo de los vivos. El joven rechazó riquezas, fama y placeres, longevidad y se decidió por regresar con el conocimiento de todas las maravillas que había encontrado en el reino de los espíritus y con el don de la elocuencia. Cuando volvió a su cuerpo, los cuervos ya le habían sacado los ojos. A pesar de su ceguera, Tarvaa podía prever el futuro y vivió prósperamente durante muchos años con los relatos de magia y sabiduría que se había traído de la otra orilla de la muerte.

Hasta el día de hoy, los chamanes seguidores de Tarvaa tejen en sus ropas el conocimiento de la luz y la oscuridad, de las deidades de arriba y de abajo y de espíritus benévolos y malévolos. Mientras descansa en el Árbol del Mundo, el chamán aprende el camino del sacrifico para asegurarse la armonía y el orden dentro de la red de la vida y regresa a los hombres conociendo a los cinco dioses del viento, los cinco dioses del relámpago, los cuatro de las esquinas, los cinco del horizonte, los cinco de la entrada y los ocho de los límites. Conoce a los siete dioses del vapor, a los siete del trueno y a otros dioses innumerables, y tal conocimiento le proporciona un gran poder que pone al servicio de sus semejantes y le permite invocar a quien le plazca con su tambor. Al parecer, los primeros chamanes eran tan poderosos que podían a las almas de quienes habían muerto mucho tiempo atrás, de modo que el señor de los muertos llegó a temer que su reino quedara vacío y, en un acceso de cólera, redujo el tambor chamánico, en principio doble, a su actual forma de uno, con el fin de proteger sus dominios.

En la cosmología chamánica aparecen numerosos animales como demonios familiares y colaboradores. El murcielago, por ejemplo, se cuelga cabeza abajo para vigilar el cielo y avisarnos si diera muestras de ir a desmoronarse. La marmota vigila el sol, siempre con la esperanza de atraparlo. Hace mucho tiempo, este animal era un hombre, y se cuenta que derribó seis de los siete soles que desecaban la tierra y provocaban sequías y desgracias, pero el séptimo sol sigue saliendo y poniéndose para escapar de la última flecha.

En los mitos chamanísticos sobre la creación aparecen perros y gatos. Hace mucho tiempo hubo una época en la que los mares del mundo eran tan sólo barro y las montañas poco más que montículos. Después, Dios creó al primer hombre y la primera mujer con arcilla y les puso un perro y un gato como guardianes, mientras él iba a coger las aguas de la vida eterna del manantial de la inmortalidad, pero en su ausencia el Demonio distrajo a estos animales ofreciéndoles leche y carne y orinó sobre los seres recién creados. Dios se enfadó al ver mancillado el bonito pelo de su obra y ordenó al gato que lo lamiera para quitarlo, todo menos el de la cabeza el único que había quedado intacto. Con su áspera lengua, el gato quitó todo el pelo sucio que pudo y dejó unas zonas pilosas en las axilas y junto a las ingles y después Dios le colocó al perro lo que había arrancado el gato. A continuación roció a los seres que había creado con arcilla con las aguas sagradas del manantial eterno, pero debido al ultraje del demonio no pudo concedernos la vida eterna.

Tradicionalmente, los chamanes buriat comienzan sus bailes y llamadas con las palabras: "Si el cisne alza el vuelo alguna vez, escúchame, mis soldados de abedul, escúchame, mi Khudar con márgenes de abedul, escúchame, mi Oikon con bordes de agua". Las orillas del río Khudar están cubiertas de abedules y, hace mucho tiempo, en la islita de Oikhon, en el lago Baikal, Khori Tumed vio nueve cisnes que volaban desde el noroeste y que al quitarse sus vestidos de plumas se convirtieron en nueve hermosas muchachas que se bañaron desnudas en el lago, Khori robó uno de los vestidos para que sólo ocho cisnes emprendieran el vuelo después de bañarse y se casó con la que se quedó, que le dio once hijos. Vivían muy felices, pero Khori Tumed no quería decirle a su esposa dónde había escondido su vestido de cisne, y un día ella volvió a implorarle: "Por favor, deja que me ponga mi viejo vestido. Si intento salir de casa con él, podrás cogerme fácilmente. No hay peligro de que me escape". Convenció a Khori Tumed, que le dejó probarse el vestido, y ella salió volando por el techo de su yurt (tienda de pieles). Khori Tumed la cogió a tiempo por los tobillos y le rogó que se quedara al menos el tiempo suficiente para dar nombre a sus hijos.Ella accedió y los once hijos se convirtieron en hombres. Después, Khori Tumed permitió que su mujer se marchara y ella voló sobre la tienda repartiendo bendiciones hasta que desapareció por el noroeste.

Desde la llegada del budismo a Mongolia, en el siglo XIII, se han devaluado y perdido muchos mitos chamánicos. La figura budista mongola del "anciano blanco" representa lo que queda de una deidad chamánica, antaño orgullosa, que gobernaba cielos y tierra. Se dice que el anciano se convirtió en el transcurso de un encuentro con el Buda y que ahora actúa como ayudante del clero y defensor del sendero budista. Su cayado mágico no es más que un simple bastón

miércoles, 25 de enero de 2012

La apoteosis de Padmasambhava.

En el Tíbet se rinde culto a Padmasambhava, el místico indio que llevó el budismo a aquel país, como un "segundo Buda"

Se cree que emanó, a los ocho años de edad, de una flor de loto. Criado por el rey Oddiyana, fue desterrado por asesinar a un ministro real y condenado a llevar vida de asceta en el osario situado más allá de los asentamientos humanos, donde habló con seres sobrenaturales (dakini) y obtuvo gran poder espiritual.

Ordenado por el primo de Buda, vivió más de mil años siguiendo los senderos budistas.

martes, 24 de enero de 2012

Domesticación de los dioses.

El impacto del budismo.


Las fuerzas caóticas de la naturaleza, temidas y honradas por la tradición chamánica, encajaban armónicamente en el modelo cosmológico indio bajo la influencia del budismo. El clero budista adoptó los antiguos ritos chamánicos, que se entremezclaron con sus liturgias y su simbolismo. Los monjes adornaban sus templos con objetos tan arcaicos como la flecha de adivinación del chamán, el espejo mágico y trozos de cristal de roca. De los bordes de la túnica de los chamanes derivaron las vestimentas teatrales para las danzas "budistas" del águila, el ciervo, la onza y el esqueleto. El águila del chamán, con la que ascendiera una vez hasta su nido en el Árbol del Mundo, empezó a identificarse con el indio Garuda; se contaba que el ciervo fue el primero en oir las enseñanzas del señor Buda en el parque Varanasi y la onza se identificó con el monte en el que habitan deidades budistas como Vairocana o Manjusri. Lo esqueletos danzantes de la iniciación traumática del chamán herido mediante el desmembramiento se convirtieron en guardianes del osario sagrado de Vajrayana. A veces, los monjes budistas asumían el papel de portavoz oracular de las deidades chamánicas y se apropiaron del arco y la flechas o del tambor del chamán, el amplio sombrero ribeteado de piel y la túnica del "hechicero del sombrero negro" (zbva nag) festoneada de símbolos chamánicos del árbol cósmico (la montaña del mundo), del sol y la luna, las cintas parecidas a serpientes y el espejo de la adivinación, con rebordes de hueso, piel y plumas.

lunes, 23 de enero de 2012

El rey Gesar.

El rey guerrero


Las leyendas sobre el rey Gesar (Gesar Kan) son muy conocidas en la región de Mongolia y Tíbet. Se trata, fundamentalmente, de una tradición oral: los bardos vagabundos recitan, escenifican y cantan numerosos episodios que exaltan el valor, la astucia y los poderes mágicos del héroe. En la actualidad no existe constancia  escrita completa del enorme ciclo de narraciones sobre esta figura legendaria, pero se calcula que su extensión es cinco veces superior a la de la Biblia.

En su forma actual, el ciclo de Gesar está impregnado por la ideología y mitología del budismo, pero mantiene recuerdos de muchos dioses chamánicos más antiguos, como poderosas deidades de las montañas o espíritus menores de los lugares en los que se desarrollan las narraciones, y son estos seres quienes asignan a Gesar su misión en la tierra. Amargados por su mala suerte y enfadados con los dioses y con sus adoradores, una anciana y sus tres hijos mueren maldiciendo todas las religiones. Destinados a convertirse en monstruos demoníacos en las vidas venideras, estas cuatro personas representan una amenaza insólita para el orden y la armonía de la humanidad. Los dioses eligen  a Gesar para que descienda de los cielos y se enfrente a estos demonios y sus sucesores en la tierra. Al principio, Gesar no parece muy dispuesto a acatar las órdenes de los demás dioses e intenta eludir la encarnación, diciendo que llevará a cabo su misión únicamente si se cumplían ciertas condiciones "imposibles". "Exijo que mi padre sea un dios y mi madre una diablesa-serpiente (klu)", pide . "Quiero un caballo inmortal que pueda volar por el cielo y hablar las lenguas de todos los hombres y animales. Deseo una silla recamada de joyas y un casco, una armadura y una espada que no sean de manufactura humana, así como un arco y unas flechas de origen milagroso, y compañeros fuertes y heroicos. También quiero una esposa, tan bella que cuando la vean entren en buena gana a su servicio, y un tío cuyas inteligentes estratagemas me permitan ganar todas la batallas. Por último, exijo que cuantos de vosotros vayáis a permanecer aquí cómodamente durante mi ausencia me vigiléis y protejáis en todo momento y acudáis en mi ayuda siempre que lo solicite." Satisfechas todas las condiciones, a Gesar no le queda más remedio que iniciar su viaje a la tierra.

Gesar nace de un huevo blanco con tres manchas en forma de ojo que salen de la cabeza de su madre, circunstancia que se emparenta con los mitos chamánicos de los orígenes. Precedido por excelentes augurios, llega a la tierra con tres ojos, pero su madre, aterrorizada, le saca uno inmediatamente.

Aunque su tarea consiste en restablecer el orden y la armonía en el mundo, a Gesar se le olvida con frecuencia tras sus victorias y su ángel guardián (identificado actualmente con un dakim budista) tiene que recordársela. Si bien está saturado de elementos mágicos y divinos, el ciclo tiene firmes raíces en la experiencia humana y muchos tibetanos siguen asegurando hoy día ser descendientes de los personajes de la narración, incluso de Gesar.

Tras una vida de aventuras como implacable rey guerrero que sofoca la injusticia allí donde se encuentra, Gesar y sus compañeros se retiran a meditar a una cuevas situadas en las laderas de la montaña sagrada, Margye Pongri. Al cabo de tres años o más, tras haberse purificado mediante ritos religiosos de los efectos negativos de toda una vida de guerra y derramamiento de sangre, Gesar regresa al cielo sabiendo que algún día tendrá que volver a la tierra, porque no se puede erradicar permanente el mal de este mundo.