El papel sagrado de los faraones.
Desde el momento en el que accedía al trono, el faraón o rey egipcio desempeñaba el papel del dios. Era una manifestación de Horus, dios del cielo, e hijo de Ra, dios del sol, y Nekhbet y Uadjet, diosas del Alto y Bajo Egipto, respectivamente, sus protectoras. Los títulos de un rey expresaban éstas y otras conexiones familiares, y el nombre que adoptaba en el trono, único para cada monarca, proclamaba su forma de manifestar al dios del sol: Tutmosis IV, por ejemplo, era Menkheprura, "el Duradero de la manifestaciones de Ra".
El faraón podía ser "hijo" de cualquier deidad importante, pero en muchos casos esto significaba poco más que ocupar un lugar por debajo de la divinidad.
La idea del progenitor y descendiente divino se prolongaba a los representantes del farón amamantado por el pecho de una diosa, como un niño. Existían además numerosos relatos del monarca como descendiente del dios del sol. En su forma básica, esta deidad se presentaba como el faraón reinante y mantenía relaciones con la madre de su sucesor, quien reconocía al dios por su aroma, lo recibía y concebía tras pasar una noche juntos. El dios creador Khnum formaba al niño con su torno de alfarero y al parto asistían numerosas deidades. El divino padre bendecía al niño, a quien amamantaban las diosas.
Algunos faraones sobrepasaban su papel tradicional y eran deidades en vida: AmenhotepIII, por ejemplo, aparecía presentado ofrendas a su propia persona deificada. Otros monarcas eran deificados después de morir. A Senuosret III,que extendió los límites meridionales de Egipto hasta Nubia en el siglo XIX a.C., se le rendía culto en la frontera como deidad local , al igual que su hijo, Amenemhat III, en el oasis de Fayum, donde acometió numerosos proyectos para reclamar tierras.
domingo, 9 de octubre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
Otras diosas.
Diosas extranjeras.
A finales del II milenio a. C. se incorporaron varias diosas de Siria y Palestina al Panteón egipcio, entre las que destacan las siguientes:
Anat: Diosa guerrera, normalmente se la representaba con escudo, lanza y hacha. En Siria, era la hermana y amante de Baal, adorado en Egipto bajo la forma de Set. En la mitología egipcia, Anat era hija de Ra. Vestía como un guerrero varón, pero era así mismo una diosa-vaca.
Astarté: Otra diosa guerrera, cuyo equivalente en Mesopotamia era Istar. En Egipto, era hija del dios del sol o de Ptah. Aparecía como una mujer desnuda con armas y a veces se la representaba en forma de caballo.
Kudshu: Consorte de Min, Dios de la fertilidad egipcio, a veces se la presentaba en forma de Hathor. Aparecía como una mujer desnuda a lomos de un león, con serpientes y flores de loto.
A finales del II milenio a. C. se incorporaron varias diosas de Siria y Palestina al Panteón egipcio, entre las que destacan las siguientes:
Anat: Diosa guerrera, normalmente se la representaba con escudo, lanza y hacha. En Siria, era la hermana y amante de Baal, adorado en Egipto bajo la forma de Set. En la mitología egipcia, Anat era hija de Ra. Vestía como un guerrero varón, pero era así mismo una diosa-vaca.
Astarté: Otra diosa guerrera, cuyo equivalente en Mesopotamia era Istar. En Egipto, era hija del dios del sol o de Ptah. Aparecía como una mujer desnuda con armas y a veces se la representaba en forma de caballo.
Kudshu: Consorte de Min, Dios de la fertilidad egipcio, a veces se la presentaba en forma de Hathor. Aparecía como una mujer desnuda a lomos de un león, con serpientes y flores de loto.
jueves, 6 de octubre de 2011
Otras diosas
Hathor y Taueret.
Hathor, protectora de los amantes, era una de las deidades egipcias más complejas, y su templo principal se encontraba en Dendera. Al igual que Taueret, protegía a mujeres y a niños y se le asociaba con la muerte y el renacer.
Hathor ayudaba a las mujeres a concebir y dar a luz. Crió a Horus en forma de vaca, en Chemis. Recibía a las almas en el inframundo y les daba de beber y de comer. Taueret ayudaba a los muertos a renacer en el Nun. Podía presentarse como una bestia temible, parte hipopótamo, parte león y parte cocodrilo. Como Set podría adoptar forma de hipopótamo, a veces se la consideraba su consorte, y cuando la pierna del dios fue lanzada al cielo. Taueret evitó que causara más daños.
Hathor, protectora de los amantes, era una de las deidades egipcias más complejas, y su templo principal se encontraba en Dendera. Al igual que Taueret, protegía a mujeres y a niños y se le asociaba con la muerte y el renacer.Hathor ayudaba a las mujeres a concebir y dar a luz. Crió a Horus en forma de vaca, en Chemis. Recibía a las almas en el inframundo y les daba de beber y de comer. Taueret ayudaba a los muertos a renacer en el Nun. Podía presentarse como una bestia temible, parte hipopótamo, parte león y parte cocodrilo. Como Set podría adoptar forma de hipopótamo, a veces se la consideraba su consorte, y cuando la pierna del dios fue lanzada al cielo. Taueret evitó que causara más daños.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Otras diosas
Anat, Astarté, Hathor y Taueret.
En una carta dirijida a la asamblea de los dioses en el transcurso del enfrentamiento entre Horus y Set,. Neith sugería que se le concediesen a Set dos diosas extranjeras, Anat y Astarté, en compensación por haber cedido sus derechos al trono a Horus, circunstancias que podrían implicar que Set no era digno de casarse con una diosa egipcia. En una narración de un texto de magia se cuenta que Set se abalanzó sobre Hathor mientras la diosa se bañaba en el río, como un carnero, y la violó. La semilla fértil voló de la diosa a la frente de Set, que se puso enfermo, porque Hathor era la prometida del sol nocturno y sólo el fuego divino podía dejarla preñada. Anat, esposa de Set, corrió a pedir ayuda a Ra, e Isis recuperó la semilla divina y curó a Set.
Astarté, la otra esposa extranjera de Set, aparece en un mito en el que los dioses egipcios se hallan enfrentados con la deidad del mar. Ptah y la Eneadase vieron obligados a rendir tributo al mar. Renenutet llevó oro, plata y lapislázuli a la orilla, pero el insaciable mar quería aún más y amenazó con esclavizar a los dioses de Egipto si no recibía más tesoros. Renenutet envió un pájaro a la casa de Astarté con el mensaje de que llevara su tributo al mar y la diosa se echó a llorar. Llevó su parte del tributo a la orilla, pero al llegar al lugar de su destino se puso a cantar y a burlarse del mar, que exigió que le entregasen a la propia Astarté. La bella diosa se presentó ante la Eneada, que le dió varias joyas, entre ellas el collar de Nut y el sello de Geb. Astarté fue a la orilla con las joyas, pero acompañada por un Set dispuesto a luchar contra el mar. No se conserva el final de la narración, pero lo más probable es que Set venciera al mar con su fuerza y que salvase a Astarté.
En una carta dirijida a la asamblea de los dioses en el transcurso del enfrentamiento entre Horus y Set,. Neith sugería que se le concediesen a Set dos diosas extranjeras, Anat y Astarté, en compensación por haber cedido sus derechos al trono a Horus, circunstancias que podrían implicar que Set no era digno de casarse con una diosa egipcia. En una narración de un texto de magia se cuenta que Set se abalanzó sobre Hathor mientras la diosa se bañaba en el río, como un carnero, y la violó. La semilla fértil voló de la diosa a la frente de Set, que se puso enfermo, porque Hathor era la prometida del sol nocturno y sólo el fuego divino podía dejarla preñada. Anat, esposa de Set, corrió a pedir ayuda a Ra, e Isis recuperó la semilla divina y curó a Set.
Astarté, la otra esposa extranjera de Set, aparece en un mito en el que los dioses egipcios se hallan enfrentados con la deidad del mar. Ptah y la Eneadase vieron obligados a rendir tributo al mar. Renenutet llevó oro, plata y lapislázuli a la orilla, pero el insaciable mar quería aún más y amenazó con esclavizar a los dioses de Egipto si no recibía más tesoros. Renenutet envió un pájaro a la casa de Astarté con el mensaje de que llevara su tributo al mar y la diosa se echó a llorar. Llevó su parte del tributo a la orilla, pero al llegar al lugar de su destino se puso a cantar y a burlarse del mar, que exigió que le entregasen a la propia Astarté. La bella diosa se presentó ante la Eneada, que le dió varias joyas, entre ellas el collar de Nut y el sello de Geb. Astarté fue a la orilla con las joyas, pero acompañada por un Set dispuesto a luchar contra el mar. No se conserva el final de la narración, pero lo más probable es que Set venciera al mar con su fuerza y que salvase a Astarté.
martes, 4 de octubre de 2011
Diosas poderosas
La gata y la leona.
En este mito, el ojo de Ra, identificado con la diosa Hathor, se va a vivir a Nubia, al sur de Egipto. En el relato se manifiesta bajo dos formas felinas: Sekhmet, la diosa-leona, y Bast, la diosa-gata.
El ojo de Ra se peleó con su padre y se retiró al lejano desierto de Nubia, Thot se dirigió hacia el sur en su busca, disfrazado de mandril (en principio, era Shu o un dios guerrero llamado Anhur, "el que trae a la Distante", quien perseguía a la diosa, pero en época posterior se atribuyó ese papel a Thot). La encontró bajo la forma de diosa-gata e impidió que le atacase contándole una historia. Después le habló de Egipto, para que la diosa sintiera nostalgia, pero ella comprendió la estratagema y se transformó en rugiente diosa-leona. Thot la calmó contándole más cuentos más cuentos, le prometió ofrendas en todos los templos de Egipto y la convenció de que fuera con él al norte. Cuando llegaron a la frontera, la diosa fue recibida por una multitud jubilosa. Una serpiente del caos intentó matarla mientras dormía, cerca de Tebas, pero Thot la despertó a tiempo. En Heliópolis se reunió con Ra y se convirtió en Hathor.
En este mito, el ojo de Ra, identificado con la diosa Hathor, se va a vivir a Nubia, al sur de Egipto. En el relato se manifiesta bajo dos formas felinas: Sekhmet, la diosa-leona, y Bast, la diosa-gata.
El ojo de Ra se peleó con su padre y se retiró al lejano desierto de Nubia, Thot se dirigió hacia el sur en su busca, disfrazado de mandril (en principio, era Shu o un dios guerrero llamado Anhur, "el que trae a la Distante", quien perseguía a la diosa, pero en época posterior se atribuyó ese papel a Thot). La encontró bajo la forma de diosa-gata e impidió que le atacase contándole una historia. Después le habló de Egipto, para que la diosa sintiera nostalgia, pero ella comprendió la estratagema y se transformó en rugiente diosa-leona. Thot la calmó contándole más cuentos más cuentos, le prometió ofrendas en todos los templos de Egipto y la convenció de que fuera con él al norte. Cuando llegaron a la frontera, la diosa fue recibida por una multitud jubilosa. Una serpiente del caos intentó matarla mientras dormía, cerca de Tebas, pero Thot la despertó a tiempo. En Heliópolis se reunió con Ra y se convirtió en Hathor.
lunes, 3 de octubre de 2011
Diosas poderosas
Neith, Sekhmet y Bast.
En muchos casos, las diosas de la mitología egipcia inspiran más temor que las deidades masculinas y envían la guerra o la destrucción contra quienes las encolerizan. Entre ellas destaca Neith, la Gran Madre. cuyo centro de poder se encontraba en Sais. Se le asociaba con la guerra y la caza y su símbolo era un escudo con dos flechas cruzadas. También era una deidad creadora, que surgió del Nun para crear a dioses y hombres, y al escupir en aquel abismo acuoso, de su saliva nació Apep, la serpiente del caos. Era asimismo madre de Sobek, el dios-cocodrilo. En el enfrentamiento entre Horus y Set, los dioses escriben a Neithpara pedirle consejo y la diosa responde con la amenaza de provocar el derrumbamiento del cielo si no se aceptan sus recomendaciones.
Sekhmet "La poderosa" era una diosa-leona terrorífica. El dios del sol le ordenó que matara a una humanidad reelde y en ocasiones se sacrificaban a delincuentes en su honor. Las enfermedades contagiosas eran sus emisarias y sus sacerdotes actuaban como médicos.
Había otras diosas menos importantes, si bien con una influencia igualmente importante: Bast, por ejemplo, otra deidad felina, diosa del amor, el sexo y la fertilidad. Diosa-leona en sus orígenes, a partir del II milenio a.C.se le empezó a representar en forma de gata.
En muchos casos, las diosas de la mitología egipcia inspiran más temor que las deidades masculinas y envían la guerra o la destrucción contra quienes las encolerizan. Entre ellas destaca Neith, la Gran Madre. cuyo centro de poder se encontraba en Sais. Se le asociaba con la guerra y la caza y su símbolo era un escudo con dos flechas cruzadas. También era una deidad creadora, que surgió del Nun para crear a dioses y hombres, y al escupir en aquel abismo acuoso, de su saliva nació Apep, la serpiente del caos. Era asimismo madre de Sobek, el dios-cocodrilo. En el enfrentamiento entre Horus y Set, los dioses escriben a Neithpara pedirle consejo y la diosa responde con la amenaza de provocar el derrumbamiento del cielo si no se aceptan sus recomendaciones.
Sekhmet "La poderosa" era una diosa-leona terrorífica. El dios del sol le ordenó que matara a una humanidad reelde y en ocasiones se sacrificaban a delincuentes en su honor. Las enfermedades contagiosas eran sus emisarias y sus sacerdotes actuaban como médicos.
Había otras diosas menos importantes, si bien con una influencia igualmente importante: Bast, por ejemplo, otra deidad felina, diosa del amor, el sexo y la fertilidad. Diosa-leona en sus orígenes, a partir del II milenio a.C.se le empezó a representar en forma de gata.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Serpientes y escorpiones
Los agentes del caos.
Serpientes y escorpiones suponían algo más que peligros cotidianos encarnaban las potencias del caos que amenazaban el orden del mundo.Al igual que otros seres a los que se les consideraba enemigos, por lo general vivían en el desierto y la persona a la que mordían o picaban quedaba expuesto a riesgos preternaturales.
Existe un texto literario que ilustra el vínculo de las serpientes con los márgenes del cosmos. Habla de un funcionario del gobierno cuyo barco naufraga en el mar Rojo y llega a una isla fabulosa. Oye un terrible estrépito y ante el aparece una enorme serpiente, posiblemente con cabeza humana. Sin duda se trata de un dios, y el hombre se desmayó de la impresión. La serpiente lo cogió con la boca y lo llevó a un lugar seguro, donde el hombre le contó que todos sus compañeros de viaje había perecido en el naufragio, y la serpiente le contó a su vez que un día, al volver a su casa, encontró a las 74 serpientes que componían su familia reducidas a cenizas por la acción de una estrella fugaz y que se encontraba completamente sola. La historia desprende una moraleja de resignación: que se debe soportar las perdidas con fortaleza. Pero el número 74 posee un significado más profundo: se refiere a las 74 manifestaciones del dios del sol que se consumieron en el holocausto final de la creación. La forma serpentina del dios vive en un mundo más allá de la creación, y al encontrarse con él, el viajero se sitúa fuera del tiempo.
Si se podían dominar las serpientes y los escorpiones en este mundo, resultaban beneficiosos. Hubo dos reyes que se llamaban Escorpión y Serpiente, pero en época posterior los poderes de estos seres empezaron a asociarse fundamentalmente con diosas, a las que podía designarse con el jeroglífico de una serpiente. La principal diosa-escorpión era Selket, protectora de los nacimientos y de los cadáveres momificados durante el enterramiento. Algunas diosas-serpientes se asociaban con lugares en las que abundaban estos animales; Renenet, diosa de la cosecha, con los sembrados y graneros, y Mertseger, diosa de la Cumbre Tebana, con el desierto.
Había multitud de conjuros mágicos para combatir las heridas producidas por serpientes y escorpiones, que no podían tratarse médicamente. Algunos iban acompañados por narraciones de mitos en los que se aparecían estos animales. En uno de ellos se cuenta que Isis huyó del taller en el que la había confinado Set para que tejiese una mortaja para Osiris y que se dirigió a Chemis, donde criaba en secreto a su hijo Horus, escoltada por siete escorpiones, a los que ordenó que fueran discretos. Al aproximarse a una población, una mujer rica vio el extraño cortejo y cerró la puerta de su casa. La mujer de un pescador acogió a Isis, pero los escorpiones se ofendieron por la actitud de la mujer rica hacia Isis y uno de ellos se deslizó en su casa, picó a su hijo y el veneno provocó un incendio en la vivienda. La mujer recorrió las calles, gimiendo angustiada, e Isis formó una tormenta para que extinguiese el fuego. Se apiadó del hijo de la mujer que, por implicación, se identificó con su propio hijo, Horus, pronunció un conjuro mágico y curó al niño, cuya madre lamentó haberle cerrado su puerta a la diosa. Arrepentida y agradecida, entregó sus bienes a la mujer del pescador.
Esta historia tiene un fuerte sabor moralizante y subraya el hecho de que la generosidad conlleva su recompensa y que se encuentra más facilmente entre los pobres y marginadosque entre los ricos. La tormenta, casi antinatural en un país sin lluvias como Egipto, muestra que el orden de las cosas puede permurtarse gracias a un acontecimiento desfavorable. Algunos conjuros mágicos incluso presentan la amenaza de que el sol deje de aparecer y que las estaciones no se sucedan si no se obtiene el efecto deseado.
Serpientes y escorpiones suponían algo más que peligros cotidianos encarnaban las potencias del caos que amenazaban el orden del mundo.Al igual que otros seres a los que se les consideraba enemigos, por lo general vivían en el desierto y la persona a la que mordían o picaban quedaba expuesto a riesgos preternaturales.
Existe un texto literario que ilustra el vínculo de las serpientes con los márgenes del cosmos. Habla de un funcionario del gobierno cuyo barco naufraga en el mar Rojo y llega a una isla fabulosa. Oye un terrible estrépito y ante el aparece una enorme serpiente, posiblemente con cabeza humana. Sin duda se trata de un dios, y el hombre se desmayó de la impresión. La serpiente lo cogió con la boca y lo llevó a un lugar seguro, donde el hombre le contó que todos sus compañeros de viaje había perecido en el naufragio, y la serpiente le contó a su vez que un día, al volver a su casa, encontró a las 74 serpientes que componían su familia reducidas a cenizas por la acción de una estrella fugaz y que se encontraba completamente sola. La historia desprende una moraleja de resignación: que se debe soportar las perdidas con fortaleza. Pero el número 74 posee un significado más profundo: se refiere a las 74 manifestaciones del dios del sol que se consumieron en el holocausto final de la creación. La forma serpentina del dios vive en un mundo más allá de la creación, y al encontrarse con él, el viajero se sitúa fuera del tiempo.
Si se podían dominar las serpientes y los escorpiones en este mundo, resultaban beneficiosos. Hubo dos reyes que se llamaban Escorpión y Serpiente, pero en época posterior los poderes de estos seres empezaron a asociarse fundamentalmente con diosas, a las que podía designarse con el jeroglífico de una serpiente. La principal diosa-escorpión era Selket, protectora de los nacimientos y de los cadáveres momificados durante el enterramiento. Algunas diosas-serpientes se asociaban con lugares en las que abundaban estos animales; Renenet, diosa de la cosecha, con los sembrados y graneros, y Mertseger, diosa de la Cumbre Tebana, con el desierto.
Había multitud de conjuros mágicos para combatir las heridas producidas por serpientes y escorpiones, que no podían tratarse médicamente. Algunos iban acompañados por narraciones de mitos en los que se aparecían estos animales. En uno de ellos se cuenta que Isis huyó del taller en el que la había confinado Set para que tejiese una mortaja para Osiris y que se dirigió a Chemis, donde criaba en secreto a su hijo Horus, escoltada por siete escorpiones, a los que ordenó que fueran discretos. Al aproximarse a una población, una mujer rica vio el extraño cortejo y cerró la puerta de su casa. La mujer de un pescador acogió a Isis, pero los escorpiones se ofendieron por la actitud de la mujer rica hacia Isis y uno de ellos se deslizó en su casa, picó a su hijo y el veneno provocó un incendio en la vivienda. La mujer recorrió las calles, gimiendo angustiada, e Isis formó una tormenta para que extinguiese el fuego. Se apiadó del hijo de la mujer que, por implicación, se identificó con su propio hijo, Horus, pronunció un conjuro mágico y curó al niño, cuya madre lamentó haberle cerrado su puerta a la diosa. Arrepentida y agradecida, entregó sus bienes a la mujer del pescador.
Esta historia tiene un fuerte sabor moralizante y subraya el hecho de que la generosidad conlleva su recompensa y que se encuentra más facilmente entre los pobres y marginadosque entre los ricos. La tormenta, casi antinatural en un país sin lluvias como Egipto, muestra que el orden de las cosas puede permurtarse gracias a un acontecimiento desfavorable. Algunos conjuros mágicos incluso presentan la amenaza de que el sol deje de aparecer y que las estaciones no se sucedan si no se obtiene el efecto deseado.
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